GUERRA RUSIA-UCRANIA
Redacción Central
Estocolmo. PLC | La guerra que Vladimir Putin desató hace más de cuatro años y medio ya no se siente solo en el frente. Este verano, la guerra llegó al corazón de Rusia con una intensidad inédita, y el resultado ha sido una oleada silenciosa de pánico y de huidas. Los ataques con drones contra Moscú y otras ciudades, las restricciones de Internet, la crisis de combustible y los persistentes rumores de una nueva movilización han empujado a miles de ciudadanos a buscar una salida antes de que el Gobierno cierre las fronteras.
Los ataques con drones han sido constantes y devastadores. En junio, julio y agosto se interceptaron más de 43.300 drones ucranianos sobre territorio ruso y Crimea, según datos del Ministerio de Defensa recopilados por Associated Press, una cifra seis veces mayor que la del verano anterior. Algunos de esos drones alcanzaron refinerías, aeropuertos y almacenes de gigantes del comercio electrónico como Wildberries y Ozon, provocando incendios, cancelaciones de vuelos y largas colas en las gasolineras.
El impacto psicológico ha sido inmediato. En Moscú, los ataques coincidieron con las elecciones parlamentarias, generando un clima de inquietud que se extendió por todo el país. Según Euronews, las búsquedas en Internet de “cómo marcharse” y “movilización” alcanzaron sus niveles más altos desde 2023, y las solicitudes de ayuda para emigrar se multiplicaron por ocho desde julio.
La red antibélica Ark, que ayuda a ciudadanos rusos a abandonar el país, confirma que la población está actuando por adelantado. Su coordinador, Jan Slovitsky, afirma que la nueva ola de miedo está impulsada por las duras lecciones de 2022, cuando cientos de miles huyeron tras la primera movilización parcial. Ahora, la combinación de cortes de Internet, escasez de combustible y rumores de reclutamiento ha creado un clima de pánico. “La gente se marcha por adelantado porque ha visto lo que ocurrió durante oleadas anteriores”, explicó Slovitsky desde Armenia, país que ya enfrenta una crisis migratoria por la llegada masiva de rusos.
La ventana para huir se está cerrando rápidamente. Rusia ha implementado un nuevo sistema electrónico de reclutamiento que prohíbe automáticamente la salida del país en el mismo momento en que una persona recibe una citación militar. Ya existen casos documentados de ciudadanos detenidos en controles fronterizos y notificados de que no pueden abandonar el país.
Aunque Putin ha calificado los rumores de una nueva movilización como “puras tonterías”, los ciudadanos no parecen creerle. Medios independientes han contabilizado al menos 17 desmentidos oficiales desde el verano, un patrón que muchos interpretan como señal de que el Gobierno prepara medidas impopulares que podrían anunciarse tras las elecciones.
La huida no siempre es visible. A diferencia de 2022, no hay largas filas en las fronteras ni vuelos agotados. Pero, según AP News, las consultas para emigrar han aumentado de forma drástica y proliferan los testimonios en redes sociales de personas que han decidido marcharse por miedo a ser reclutadas, por la crisis económica o por la pérdida de libertades.
El contexto internacional tampoco ayuda. Servicios de inteligencia europeos han advertido que el Kremlin podría aumentar su agresión militar en los próximos meses, con el objetivo de castigar a los países que apoyan a Kiev. Estas evaluaciones alimentan el temor de que pronto se vea obligado a alistarse un mayor número de civiles rusos, lo que refuerza la sensación de urgencia entre quienes buscan escapar.
La imagen que emerge es la de un país que vive bajo una tensión creciente. La guerra ya no es un conflicto lejano: está en los cielos de Moscú, en las gasolineras, en los almacenes incendiados, en las restricciones de Internet y en la incertidumbre diaria. Y mientras el Kremlin insiste en que no habrá movilización, miles de rusos prefieren no esperar a comprobarlo.
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