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Ucrania lleva la guerra al corazón energético de Rusia con un ataque masivo de drones

El ataque del domingo resulta todavía más significativo porque llega en medio de una creciente disputa entre Trump y Volodímir Zelenski precisamente acerca de los ataques contra las instalaciones energéticas rusas. Foto captura YouTube.

Redacción Central

Estocolmo. PLC. | Ucrania lanzó durante la madrugada del domingo uno de los mayores ataques con drones contra territorio ruso desde el comienzo de la guerra, alcanzando instalaciones petroleras y otras infraestructuras de San Petersburgo, la segunda ciudad de Rusia y uno de sus principales centros económicos. El ataque dejó al menos un muerto y cinco heridos, provocó grandes incendios y obligó a restringir las operaciones del aeropuerto de Pulkovo.

La magnitud de la operación fue excepcional. El Ministerio de Defensa ruso afirmó haber neutralizado 1.015 drones ucranianos sobre 15 regiones rusas, la península de Crimea ocupada y el mar Negro. La cifra, que procede de las autoridades rusas y no ha podido ser verificada independientemente en su totalidad, situaría la ofensiva entre las mayores operaciones aéreas ucranianas de toda la guerra.

El golpe más significativo se produjo en San Petersburgo, donde las llamas alcanzaron la Petersburg Oil Terminal y el depósito de combustible de Ruchi. El gobernador de la ciudad, Alexander Beglov, confirmó los incendios y los daños en edificios residenciales. La terminal petrolera atacada se encuentra en el puerto de la ciudad y constituye una importante instalación rusa de almacenamiento y exportación de productos derivados del petróleo.

La operación no se limitó al sector energético. Ozon, uno de los grandes grupos rusos de comercio electrónico, informó de un incendio en su centro logístico, mientras VK, propietaria de la red social VKontakte, confirmó que uno de sus centros de datos en la región de Leningrado había sido atacado. La compañía aseguró que sus servicios continuaban funcionando normalmente.

El gobernador de la región de Leningrado, Alexander Drozdenko, informó además de cortes eléctricos que dejaron a unas 20.000 personas sin suministro. Las autoridades rusas aseguraron haber derribado 145 drones solamente en esa región.  

Los vuelos del aeropuerto internacional de Pulkovo sufrieron restricciones por razones de seguridad. TASS, la agencia estatal rusa, describió la ofensiva contra la región como la mayor registrada allí en los últimos cuatro años.  

Más allá de los daños materiales, el ataque tiene una evidente dimensión estratégica. Ucrania está demostrando nuevamente su capacidad para penetrar cientos de kilómetros dentro de territorio ruso y atacar instalaciones vinculadas con uno de los recursos fundamentales de la economía de Putin: la energía.

La guerra del petróleo se ha convertido así en uno de los frentes decisivos del conflicto.

Kiev busca desde hace tiempo golpear refinerías, depósitos y otras infraestructuras relacionadas con los hidrocarburos rusos. La lógica es económica y militar: presionar un sector fundamental para la economía rusa en momentos en que Moscú continúa atacando el sistema energético ucraniano.

El ataque del domingo resulta todavía más significativo porque llega en medio de una creciente disputa entre Trump y Volodímir Zelenski precisamente acerca de los ataques contra las instalaciones energéticas rusas.

Trump anunció el 11 de octubre una denominada “tregua energética” y había pedido que cesaran las operaciones contra infraestructuras de energía. Ucrania interrumpió temporalmente parte de sus ataques, pero anunció posteriormente que volvería a golpear instalaciones petroleras rusas después de acusar a Moscú de continuar atacando el sistema energético ucraniano.

Zelenski había ordenado reanudar los ataques contra las refinerías rusas después de esa pausa de tres días, según informó Politico.

La ofensiva contra San Petersburgo parece confirmar que aquella tregua nació muerta.

Mientras ardían instalaciones rusas, la guerra continuaba golpeando también a la población ucraniana. Ataques rusos nocturnos contra Ucrania dejaron al menos dos muertos y doce heridos, incluidos dos niños, según Volodímir Zelenski. En Zaporizhia, los ataques alcanzaron edificios residenciales; otras informaciones señalan que una mujer murió y al menos dos personas resultaron heridas, entre ellas una niña de seis años.

Zelenski aseguró este domingo que durante la última semana Rusia había lanzado contra Ucrania casi 2.700 drones de ataque, 1.700 bombas aéreas y 66 misiles, la mayoría balísticos. Se trata de cifras proporcionadas por el presidente ucraniano.

El contexto político aumenta la importancia de lo ocurrido. Apenas dos días antes, Trump había utilizado la facultad de exención de la nueva legislación estadounidense para dejar en suspenso importantes sanciones y aranceles dirigidos contra Rusia. Al mismo tiempo, Washington intenta aumentar la circulación de combustible ruso para aliviar las presiones sobre los precios energéticos. La combinación ha provocado críticas en Ucrania y dentro del propio Estados Unidos.

Todo ello coloca a Washington ante una contradicción cada vez más difícil de manejar. Trump quiere contener los precios internacionales de la energía y presiona a Ucrania para que reduzca sus ataques contra la infraestructura petrolera rusa. Kiev, en cambio, considera esas instalaciones objetivos estratégicos mientras Moscú continúe golpeando su propia infraestructura energética.

El incendio de San Petersburgo demuestra que Ucrania no parece dispuesta a aceptar unilateralmente esa limitación.

También demuestra algo más inquietante para el Kremlin. La distancia geográfica ya no proporciona a las grandes ciudades rusas la seguridad que tuvieron durante los primeros años de la invasión. San Petersburgo, situada a más de 800 kilómetros de la frontera ucraniana, volvió a experimentar directamente las consecuencias de una guerra que durante mucho tiempo Moscú consiguió mantener, en gran medida, lejos de sus principales centros urbanos.

La batalla energética adquiere, por tanto, una importancia que trasciende los incendios de esta madrugada. Rusia intenta destruir o degradar la capacidad energética de Ucrania. Kiev responde llevando sus drones contra el petróleo, los depósitos, la logística y otras infraestructuras rusas.

En medio queda el intento de Trump por detener una escalada energética cuyos efectos pueden superar las fronteras de ambos países.

Por ahora, ese intento no ha funcionado.

Los incendios de San Petersburgo son la imagen más reciente de una guerra que, lejos de congelarse, está entrando en otra fase: Ucrania demuestra que puede llevarla cada vez más profundamente dentro de Rusia, mientras el petróleo y la energía se convierten en armas centrales de presión militar, económica y diplomática.


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