CUBA-LITERATURA
Redacción Central
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Estocolmo. PLC | La entrevista de Lars Palmgren publicada por el medio de izquierda sueco Dagens ETC este verano añade una pieza incómoda al rompecabezas del derrumbe cubano: ya no son solo los opositores, los jóvenes desesperados o los profesionales agotados quienes abandonan el país. Ahora también lo hacen quienes durante décadas defendieron la revolución desde dentro, quienes creyeron en su promesa y la sostuvieron incluso cuando el deterioro era evidente. El escritor José Miguel Sánchez, conocido como Yoss, lo resume con una frase que no necesita interpretación: “Este ya no es el mismo país en el que crecí. Es una ruina. Y lo que es peor: todo el proyecto revolucionario es una ruina”.
La declaración no proviene de un disidente histórico ni de un activista político. Proviene de un autor que durante años defendió el sueño colectivo, que buscó en la ciencia ficción un espacio para imaginar futuros posibles y que, según Palmgren/Dagens ETC, introdujo sus críticas de forma velada en sus novelas para evitar la censura. Su ruptura no es un gesto impulsivo, sino el resultado de un desgaste prolongado. “Ya no puedo seguir así, el sueño colectivo ha muerto. Ahora voy a trabajar para hacer realidad mi sueño personal, aunque tenga que ser fuera de Cuba”, afirma en la entrevista.
El caso de Yoss es significativo porque revela una fractura dentro del propio universo cultural que el Estado siempre presentó como uno de sus pilares. La revolución se sostuvo durante décadas gracias a una narrativa épica que prometía sacrificio hoy para alcanzar justicia mañana. Pero cuando el mañana nunca llega, incluso los creyentes más disciplinados empiezan a mirar hacia la puerta. La salida de Yoss no es solo una decisión personal: es un síntoma de que el proyecto ya no convence ni a quienes lo defendieron con convicción.
La entrevista también expone un fenómeno que se ha vuelto común en la cultura cubana contemporánea: la crítica indirecta, disfrazada, codificada. Los escritores, cineastas y músicos que aún viven en la isla recurren a metáforas, mundos imaginarios y alegorías para decir lo que no pueden decir abiertamente. La ciencia ficción de Yoss, celebrada internacionalmente, se convirtió en un refugio narrativo donde podía hablar del autoritarismo, la escasez, la vigilancia y la desesperanza sin mencionar explícitamente al Gobierno. Pero incluso ese espacio se ha vuelto insuficiente. Cuando la realidad supera a la ficción, la ficción deja de ser un escudo.
El gesto tiene un peso simbólico porque desmonta uno de los mitos más persistentes del discurso oficial: la idea de que la revolución conserva un núcleo de intelectuales comprometidos que sostienen su legitimidad moral. Cuando ese núcleo se fractura, la narrativa se desmorona. La salida de Yoss no es un ataque: es una renuncia. Y las renuncias, cuando se acumulan, dicen más que cualquier manifiesto político.
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