RUSIA-UCRANIA-GUERRA
Redacción Central
4 minutos de tiempo de lectura.
Estocolmo. PLC | Moscú amaneció bajo una columna de humo que no provenía del frente, sino de su propia retaguardia. La mayor reserva de petróleo de la región, el depósito de Volodarskaya, ardió tras un ataque masivo de drones ucranianos que, según las autoridades rusas, alcanzó una escala sin precedentes. El alcalde Serguéi Sobianin confirmó que Ucrania lanzó más de 650 drones contra la capital y su región, la mayor oleada registrada desde el inicio de la invasión. La defensa aérea rusa aseguró haber derribado 105 aparatos en las aproximaciones a Moscú y 185 sobre la región circundante, pero no logró impedir que el fuego alcanzara una de las instalaciones más sensibles del sistema energético ruso.
Volodarskaya no es un depósito cualquiera. Es el mayor centro de almacenamiento y distribución de combustibles de la región de Moscú, por el que pasan anualmente alrededor de tres millones de toneladas de gasolina, diésel y queroseno. Desde allí parten las tuberías que abastecen directamente a los tres principales aeropuertos de la capital: Vnúkovo, Domodédovo y Sheremétievo. La Autoridad Federal de Transporte Aéreo suspendió temporalmente las operaciones en esos aeropuertos durante el ataque, una medida que revela la magnitud del impacto y la vulnerabilidad de la infraestructura rusa.
Las consecuencias humanas también fueron inmediatas. El gobernador Andréi Vorobiov informó de dos muertos y nueve heridos en la región de Moscú, además de daños en 47 edificios residenciales en siete municipios. Una de las víctimas era un joven de 20 años de la localidad de Radumlia, en el distrito de Solnechnogorsk. Las imágenes difundidas por canales de monitoreo ucranianos y por el medio ruso Astra mostraban el incendio en Volodarskaya, aunque las autoridades rusas evitaron confirmar oficialmente los daños en la instalación.
El ataque llega apenas 16 días después de que Ucrania golpeara la refinería de Kapotnia, en el sureste de Moscú, una instalación de Gazprom Neft que cubre cerca del 40 % del mercado de combustibles de la capital y el 70 % de las necesidades de gasolina y combustible de aviación de la región. Según RBC-Ucrania, las dos principales unidades de procesamiento de la refinería se incendiaron en ese ataque, obligando a detener por completo las operaciones de refinado. Medios ucranianos sostienen que Kapotnia volvió a ser objetivo en la noche del 5 al 6 de octubre, cuando aún se registraban explosiones en la zona a las tres de la madrugada.
Reuters, citando a blogueros militares rusos, señala que el ataque contra Volodarskaya forma parte de una estrategia ucraniana para golpear refinerías, depósitos y terminales de exportación con el fin de reducir los ingresos petroleros que financian la guerra. La instalación, uno de los nodos principales del monopolio estatal de oleoductos Transneft, es clave para el suministro de combustible en Moscú y su región. Un vídeo difundido por el canal ucraniano Supernova+ mostraba una gran explosión en el sitio, aunque la agencia no pudo verificarlo de manera independiente.
La defensa aérea rusa afirmó haber derribado un total de 868 drones en todo el país durante la noche, incluyendo aparatos interceptados en regiones tan alejadas como Crimea, Bélgorod, Briansk, Kaluga, Kursk, Lipetsk, Oriol, Riazán, Smolensk, Tver y Tula. Pero la cifra, más allá de su veracidad, revela un hecho que ya no puede ocultarse: Ucrania ha logrado extender la guerra a la profundidad estratégica de Rusia, golpeando instalaciones críticas que antes se consideraban fuera de alcance.
El tráfico aéreo en los aeropuertos de Moscú se reanudó después de las 05:00, pero el mensaje estratégico ya estaba enviado. La capital rusa, que durante años se presentó como un bastión impenetrable, enfrenta ahora una presión mayor que nunca. Su red de suministro de combustible, esencial para la aviación civil y militar, se ha convertido en el objetivo principal de una campaña ucraniana que combina tecnología, inteligencia y una clara intención de demostrar que el Kremlin no tiene retaguardia segura.
El petróleo de Putin arde. Y cada incendio en Moscú es una señal de que la guerra ya no se libra solo en el Donbás, sino en el corazón mismo del poder ruso.
Descubre más desde Prensa Libre Cuba
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.












Sé el primero en comentar