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El frente desmiente a Putin: Rusia pierde terreno mientras Ucrania recupera la iniciativa

Moscú necesita convencer a Washington, a los gobiernos europeos y, sobre todo, a los propios ucranianos de que continuar resistiendo únicamente aplazará una derrota inevitable. Si los mapas muestran que Rusia no consigue transformar su enorme gasto humano y material en avances territoriales significativos, ese argumento pierde fuerza. Imagen generada por IA| ©PLC

Redacción Central

Estocolmo. PLC | La realidad sobre el terreno empieza a contradecir de manera cada vez más contundente el relato de victoria que Vladimir Putin intenta proyectar sobre la guerra de Ucrania. Desde el 1 de septiembre, las fuerzas rusas han perdido en términos netos 241 kilómetros cuadrados más de territorio ucraniano del que han conseguido conquistar, según la evaluación publicada este 22 de octubre por el Institute for the Study of War (ISW).

El dato no significa que el ejército ruso esté huyendo de todo el frente ni permite todavía hablar de una retirada general. Pero sí revela algo estratégicamente importante: después de años de ofensivas extremadamente costosas, Rusia atraviesa un periodo en el que sus avances no compensan el terreno que las fuerzas ucranianas están recuperando en otros sectores.

Y eso desmonta una parte fundamental del discurso del Kremlin: que el tiempo trabaja inevitablemente a favor de Moscú y que la superioridad rusa terminará obligando a Ucrania a capitular.

El mapa ofrece ahora una realidad bastante diferente.

Durante 2026, las fuerzas rusas han avanzado a una media de apenas 0,25 kilómetros cuadrados diarios, según el ISW. Al mismo tiempo, Ucrania ha conseguido disputar la iniciativa operacional en diferentes sectores y frustrar parte del plan ruso para hacerse con el resto de la región de Donetsk.

Uno de los golpes más importantes se produjo en el eje de Lyman. Durante la denominada Operación Vivaldi, las fuerzas ucranianas recuperaron más de 270 kilómetros cuadrados y, de acuerdo con el ISW, frustraron el intento ruso de avanzar hacia el llamado “cinturón de fortalezas” ucraniano.

Los números resultan particularmente incómodos para Putin.

El 1 de octubre, durante su intervención en el Club de Debate Valdai, el presidente ruso afirmó que sus fuerzas habían conquistado 1.301 kilómetros cuadrados solamente durante septiembre. El cálculo realizado por el ISW a partir de pruebas geolocalizadas fue radicalmente distinto: Rusia conquistó 175,54 kilómetros cuadrados durante septiembre, mientras las fuerzas ucranianas recuperaron 256,35, lo que produjo una pérdida neta rusa de 80,81 kilómetros cuadrados ese mes.

La distancia entre ambas cifras difícilmente puede explicarse como una pequeña diferencia metodológica.

El 16 de octubre, Putin volvió a presentar una imagen triunfalista. Aseguró que Rusia había capturado unos 6.500 kilómetros cuadrados y 310 localidades desde comienzos de 2026, mientras el jefe del Estado Mayor ruso, Valery Gerasimov, afirmó que sus tropas habían tomado más de 1.800 kilómetros cuadrados y 92 localidades desde el 1 de septiembre.

El ISW volvió a encontrar una realidad muy distinta: para el 16 de octubre había podido documentar aproximadamente 100 kilómetros cuadrados conquistados por Rusia desde comienzos del año, mientras que desde el 1 de septiembre Moscú acumulaba entonces una pérdida neta de 122 kilómetros cuadrados. La evaluación del 22 de octubre elevó posteriormente ese balance negativo a 241 kilómetros cuadrados.

La discrepancia resulta políticamente importante porque la percepción de una inevitable victoria militar rusa constituye una pieza central de la estrategia negociadora del Kremlin.

Moscú necesita convencer a Washington, a los gobiernos europeos y, sobre todo, a los propios ucranianos de que continuar resistiendo únicamente aplazará una derrota inevitable. Si los mapas muestran que Rusia no consigue transformar su enorme gasto humano y material en avances territoriales significativos, ese argumento pierde fuerza.

Y existe otro problema todavía más serio: el coste humano de mantener la ofensiva.

Según estimaciones del Estado Mayor ucraniano recogidas por el ISW, las fuerzas rusas habían sufrido casi 37.000 bajas en lo que iba de octubre, frente a las 31.270 contabilizadas durante todo octubre de 2025. El propio ISW advierte de que las bajas mensuales rusas aumentan mientras el ritmo de reclutamiento no consigue compensarlas.

Estas cifras deben manejarse con prudencia. Proceden de Ucrania, que es parte beligerante, y no existe una verificación independiente completa de las bajas en tiempo real. Pero el ISW las considera suficientemente relevantes como para incorporarlas a su evaluación sobre los crecientes problemas de efectivos que afronta Rusia.

La presión podría llegar a convertirse en un problema político interno para el Kremlin. El instituto considera posible que los comandantes rusos aumenten sus presiones sobre Putin para realizar algún tipo de movilización si Ucrania continúa frustrando las ofensivas y disputando la iniciativa. Se trata, por ahora, de una posibilidad analítica, no de una decisión anunciada por Moscú.

La recuperación ucraniana no se limita además a reconquistar posiciones.

En las proximidades de Kupiansk, el 2.º Cuerpo Khartiia de la Guardia Nacional ucraniana informó sobre la llamada Operación Veles, una operación destinada a neutralizar una red de conductos que las fuerzas rusas utilizaban para infiltrarse clandestinamente en el sector.

Según el cuerpo ucraniano citado por el ISW, sus fuerzas combinaron operaciones terrestres y ataques con drones con un avance de más de 15 kilómetros a través de la conducción subterránea, penetrando en la retaguardia inmediata rusa. Las instalaciones habían venido siendo utilizadas por las tropas rusas para infiltrarse en dirección a Kupiansk.

El ISW sostiene que las fuerzas ucranianas habían intentado anteriormente impedir mediante drones y otros ataques la utilización rusa de esas conducciones, pero sin conseguir bloquearlas completamente, lo que terminó obligando a los militares ucranianos a combatir también bajo tierra.

Estos éxitos no significan que Ucrania esté próxima a ganar la guerra.

Rusia continúa disponiendo de enormes recursos militares y mantiene extensos territorios ucranianos bajo ocupación. Las fuerzas de Putin siguen realizando operaciones ofensivas y Moscú mantiene además una poderosa capacidad para golpear la retaguardia ucraniana mediante misiles y drones. El propio informe del ISW del 22 de octubre documenta nuevas operaciones rusas en diferentes sectores del frente.

Lo que sí puede afirmarse es que la ofensiva rusa está atravesando un serio estancamiento y que, desde septiembre, Rusia ha perdido más territorio del que ha conquistado.

Y esto ocurre mientras el Kremlin intenta transmitir exactamente la imagen contraria.

La contradicción tiene consecuencias que van mucho más allá de algunos centenares de kilómetros cuadrados. La guerra de Putin se basa también en una batalla de percepción: conseguir que Occidente crea que Ucrania no puede ganar, que seguir ayudándola solamente prolongará la guerra y que negociar en términos favorables a Moscú constituye la única salida realista.

Los acontecimientos recientes del frente cuestionan esa narrativa.

Rusia no está derrotada. Tampoco puede afirmarse todavía que Ucrania haya conseguido una inversión estratégica definitiva de la guerra. Pero los datos recopilados por el ISW muestran algo que hace apenas unos meses parecía mucho más difícil: las fuerzas ucranianas pueden detener ofensivas rusas, recuperar territorio y obligar a Moscú a pagar un coste extraordinariamente elevado por avances cada vez más pequeños.

Después de años presentando la superioridad militar rusa como inevitable, el problema para Putin ya no es solamente mantener la ofensiva.

Es explicar por qué, mientras el Kremlin anuncia miles de kilómetros cuadrados conquistados y proclama que conserva la iniciativa estratégica, los mapas independientes empiezan a moverse en dirección contraria.


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