SUECIA-PREMIO NOBEL FÍSICA
Redacción Central
3 minutos de tiempo de lectura.
Estocolmo. PLC | La Real Academia Sueca de Ciencias ha concedido el Premio Nobel de Física 2026 al belga-estadounidense Francis Halzen por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y por el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico. Con este reconocimiento, dotado con 12 millones de coronas suecas, la Academia destaca el trabajo que ha permitido abrir una nueva forma de observar el cosmos: la astronomía de neutrinos.
Halzen, nacido en 1944 en Tienen, Bélgica, y profesor desde hace décadas en la Universidad de Wisconsin-Madison, presentó en 1988 una idea que entonces parecía casi imposible: utilizar el hielo transparente del Polo Sur como detector natural para capturar partículas que atraviesan la materia sin dejar rastro. Los neutrinos, conocidos como “mensajeros fantasmales”, son tan esquivos que miles de millones atraviesan cada segundo la mano de cualquier persona sin producir efecto alguno. Solo en contadas ocasiones uno de ellos colisiona con un núcleo atómico y genera un destello de luz. Ese destello es la clave.
El Observatorio IceCube, inaugurado en 2011, ocupa un kilómetro cúbico de hielo antártico equipado con más de 5.000 sensores ópticos. Su tamaño descomunal responde a la rareza extrema de los neutrinos de alta energía: para detectarlos se necesita observar millones de millones de interacciones potenciales. Apenas dos años después de su puesta en marcha, IceCube registró los primeros neutrinos de alta energía procedentes del espacio profundo, confirmando que el experimento funcionaba y que el universo podía estudiarse a través de estas partículas casi indetectables.
La Academia subraya que los neutrinos conservan información intacta sobre los entornos violentos donde se producen, a diferencia de otras partículas que se desvían o pierden energía en su viaje. Por eso, IceCube permite investigar fenómenos extremos como explosiones estelares, núcleos galácticos activos y aceleradores cósmicos naturales capaces de generar energías millones de veces superiores a las alcanzadas en laboratorios terrestres. “Los neutrinos abren la puerta a galaxias lejanas y a procesos que hasta ahora no podíamos estudiar”, afirmó Eva Olsson, miembro de la Academia, durante el anuncio oficial.
Halzen reconoció que la construcción del observatorio implicaba riesgos considerables. “Sobre todo, no sabíamos si sería lo suficientemente grande. No teníamos ni idea”, dijo en la rueda de prensa. Su visión, sin embargo, se confirmó: el hielo antártico resultó ser un medio ideal, libre de interferencias y geológicamente estable. La comunidad científica respaldó el proyecto desde sus primeras pruebas en los años noventa, y hoy IceCube es un instrumento central para la física de partículas y la astrofísica.
El Nobel reconoce no solo una idea audaz, sino el trabajo de miles de investigadores y técnicos que hicieron posible transformar un kilómetro cúbico de hielo en un telescopio subatómico. Halzen ha liderado durante décadas ese esfuerzo internacional. “Su tenacidad y visión científica han abierto el camino para un nuevo tipo de astronomía”, declaró Mark Pearce, presidente del Comité Nobel de Física.
Con este premio, la Academia celebra la apertura de una nueva ventana al universo. Y confirma que, en ocasiones, para descubrir los secretos más profundos del cosmos basta con mirar hacia abajo, hacia el hielo silencioso del Polo Sur, donde las partículas más esquivas del universo dejan su huella luminosa.
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