SUECIA-PREMIO NOBEL DE QUÍMICA
Redacción Central
Estocolmo. PLC / La Real Academia de Ciencias anunció que el Premio Nobel de Química de este año recae en el francés Henri B. Kagan y el japonés Kenso Soai, dos investigadores que han logrado algo que durante más de cien años parecía reservado exclusivamente a la biología: explicar cómo surge la homoquiralidad, la asimetría fundamental que define la química de la vida. La Academia justificó el galardón “por el descubrimiento de los efectos no lineales y la autocatalisis en la síntesis orgánica asimétrica”, una formulación técnica que encierra una revolución científica con impacto directo en el desarrollo de medicamentos.
La homoquiralidad es uno de los misterios más profundos de la naturaleza. Los aminoácidos —los ladrillos de las proteínas— existen en dos versiones especulares, como las manos humanas. Sin embargo, la vida utiliza solo una de ellas. Por qué ocurre esto y cómo puede reproducirse artificialmente ha sido una pregunta abierta durante generaciones. Los químicos han intentado producir únicamente una de las variantes en espejo porque, en moléculas destinadas a interactuar con seres vivos, solo una produce el efecto deseado. La otra puede ser inútil o incluso peligrosa.
Henri Kagan dio los primeros pasos en los años 80, cuando logró manipular reacciones químicas para generar un exceso de una de las variantes especulares. Kenso Soai llevó esa idea más lejos: consiguió crear moléculas quirales a partir de mezclas no quirales, es decir, obtener solo una de las imágenes especulares sin intervención biológica. La Academia subraya que “nadie había logrado antes por vía química —salvo la propia vida—” un resultado semejante. Heiner Linke, presidente del Comité Nobel de Química, lo expresó con claridad: “Henri Kagan y Kenso Soai nos han dado la solución a un enigma químico de más de 100 años”.
El impacto de sus descubrimientos es profundo. La capacidad de inducir homoquiralidad de manera controlada permite diseñar fármacos más seguros y eficaces, optimizar procesos industriales y comprender mejor cómo pudo surgir la vida en la Tierra. La química asimétrica es hoy un pilar de la farmacología moderna, y los avances de Kagan y Soai han sido decisivos para que los químicos puedan producir moléculas con la orientación exacta que requiere el organismo humano.
Henri B. Kagan, de 95 años, es catedrático emérito de la Universidad de París-Sur. Kenso Soai, de 76, es catedrático de la Universidad de Ciencias de Tokio. Ambos recibirán 12 millones de coronas suecas, pero el reconocimiento trasciende el premio: consagra una línea de investigación que ha cambiado la forma en que entendemos la vida y la forma en que la química puede imitarla.
El Nobel de este año no solo celebra un descubrimiento científico. Celebra la resolución de un enigma que conecta la estructura íntima de las moléculas con la historia de la vida misma. Y recuerda que, en ocasiones, la frontera entre la biología y la química puede ser cruzada por quienes se atreven a formular preguntas que parecían imposibles.
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