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Petraeus advierte que la OTAN debe reinventarse ante una guerra que Ucrania ya ha transformado

La paradoja es que Ucrania, obligada por necesidad a innovar mientras combate, está mostrando a las grandes potencias occidentales cómo podría desarrollarse la próxima guerra. Foto de archivo del general retirado David Petraeus, exdirector de la CIA y antiguo comandante de fuerzas estadounidenses y de la OTAN. Foto archivo

Redacción Central

Estocolmo. PLC | La guerra de Ucrania ha dejado de ser únicamente un enfrentamiento entre dos ejércitos para convertirse en un gigantesco laboratorio que está modificando la manera de combatir. Para el general retirado David Petraeus, exdirector de la CIA y antiguo comandante de fuerzas estadounidenses y de la OTAN, Occidente todavía no ha asimilado plenamente las consecuencias de esa transformación.

Durante el Warsaw Security Forum 2026, celebrado los días 12 y 13 de octubre en la capital polaca, Petraeus sostuvo que los aliados necesitan una “nueva concepción” de la guerra. No bastaría, argumentó, con incorporar centenares de drones a las estructuras militares existentes: hay que reconsiderar la doctrina, la organización de las fuerzas, el entrenamiento, las adquisiciones y la manera misma de concebir las operaciones militares.

Su argumento parte de una constatación fundamental: el ritmo de innovación observado en Ucrania es incompatible con los largos ciclos de adquisición y desarrollo característicos de los ejércitos occidentales. Petraeus ha señalado que los ucranianos pueden modificar software semanalmente y hardware en cuestión de semanas, precisamente porque deben responder de forma inmediata a las contramedidas rusas.  

Esta evolución está creando un campo de batalla en el que los drones, la guerra electrónica, los sensores y la inteligencia artificial adquieren creciente protagonismo. En septiembre, en una conversación publicada por el Royal United Services Institute, Petraeus habló de una transformación que exige revisar doctrina, estructura de fuerzas, entrenamiento, adquisiciones y personal, y anticipó una evolución desde los sistemas controlados a distancia hacia sistemas cada vez más autónomos.  

La trascendencia de la advertencia va mucho más allá de Ucrania. El problema para la OTAN es que gran parte de su superioridad militar histórica se ha construido alrededor de sistemas sofisticados, costosos y con procesos de desarrollo relativamente largos. La experiencia ucraniana muestra, en cambio, un entorno en el que tecnologías comparativamente baratas pueden introducir cambios con enorme rapidez y obligar al adversario a modificar constantemente sus tácticas.

El debate ya ha llegado a las más altas estructuras de la Alianza. El propio Warsaw Security Forum situó entre los temas centrales de su edición de este año la preparación de la OTAN para un eventual conflicto de alta intensidad y el desarrollo de sus capacidades futuras. Radmila Shekerinska, secretaria general adjunta de la Alianza, insistió en Varsovia en la necesidad de fortalecer las defensas y ampliar la capacidad de la industria militar europea.

Las inquietudes son particularmente intensas en el flanco oriental. El presidente de Letonia, Edgars Rinkēvičs, advirtió recientemente que Europa no mantiene el ritmo de los cambios en la guerra de drones y que numerosos países aliados tendrían serias dificultades para responder a un ataque ruso con misiles. Según el mandatario letón, los sistemas de defensa aérea, antidrones y antimisiles afrontan problemas que afectan no solo a Ucrania, sino también a Europa y a la propia OTAN.

El mensaje de Petraeus adquiere así una dimensión estratégica. No afirma que la OTAN carezca de capacidad para enfrentarse a Rusia, sino que advierte de algo posiblemente más complejo: disponer de más recursos y armamento avanzado no garantiza la superioridad si el adversario aprende y se adapta con mayor rapidez.

La paradoja es que Ucrania, obligada por necesidad a innovar mientras combate, está mostrando a las grandes potencias occidentales cómo podría desarrollarse la próxima guerra. Petraeus lo resume de manera contundente: aunque conflictos anteriores dejaron lecciones importantes, considera que el verdadero “laboratorio de la guerra del futuro” está hoy en Ucrania.

Para la OTAN, por tanto, el desafío frente a Vladimir Putin no consiste únicamente en gastar más dinero o producir más armas. Consiste también en aprender a transformarse a la velocidad con que está cambiando la guerra. Y esa puede ser una batalla institucional tan difícil como la tecnológica.


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