APAGÓN NACIONAL
La Habana. PLC / Una semana después del apagón nacional que dejó a Cuba completamente a oscuras por tercera vez en julio, el país vuelve a enfrentar un escenario crítico: las dos plantas termoeléctricas más importantes del sistema, la unidad 1 de la Lidio Ramón Pérez (Felton), en Holguín, y la Antonio Guiteras, en Matanzas, están nuevamente fuera de servicio. La crisis energética, lejos de estabilizarse, se profundiza con una frecuencia que ya supera cualquier precedente reciente.
El parte oficial de la Unión Eléctrica (UNE) de este martes confirmó que la Felton, responsable de aportar unos 200 MW al Sistema Electroenergético Nacional (SEN), “quedó fuera de servicio esta mañana”. La nota, escueta y sin detalles técnicos, se limita a señalar que esta salida se suma a otras unidades en avería o mantenimiento, agravando las afectaciones en todo el país. La falta de explicaciones transparentes se ha convertido en una constante: cada caída se anuncia sin causas claras, sin cronogramas de reparación y sin previsiones realistas de recuperación.
La situación de la Guiteras es igualmente crítica. La planta, considerada el bloque unitario más importante del país, ha sufrido averías sucesivas durante todo el año. Su estado actual es el resultado de décadas de explotación sin renovación tecnológica, falta de piezas de repuesto y un mantenimiento que ya no logra sostener su operación. La combinación de ambas salidas deja al SEN en una posición extremadamente vulnerable, con una capacidad de generación incapaz de cubrir siquiera la demanda mínima.
El impacto social es inmediato. En varias provincias, los apagones superan las 18 y 20 horas diarias, y en zonas del oriente se reportan ciclos de más de 30 horas sin electricidad. La población vive en un estado de agotamiento físico y emocional: sin luz no hay agua, no hay refrigeración de alimentos, no hay transporte y no hay servicios básicos. Cada apagón destruye lo poco que queda en los hogares y paraliza hospitales que ya operan en condiciones precarias.
La narrativa oficial insiste en que el país enfrenta un “complejo escenario energético” agravado por el bloqueo y la falta de combustible. Sin embargo, la repetición de fallas en las mismas plantas revela un problema estructural que va más allá de la coyuntura. La infraestructura eléctrica cubana está en fase de colapso, con termoeléctricas que superan los 40 años de explotación continua y una generación distribuida que depende de un combustible que el país no tiene.
El apagón total de la semana pasada ya había generado protestas espontáneas en barrios de La Habana, Santiago y Holguín. El nuevo colapso de Felton y Guiteras alimenta la sensación de que el país ha entrado en una espiral de fallas sin salida inmediata. La UNE no ofrece plazos de recuperación y el Gobierno no presenta un plan realista para enfrentar la crisis, más allá de promesas de energías renovables que tardarán años en materializarse.
Cuba vive hoy en un estado de vulnerabilidad extrema. La electricidad, base de toda vida moderna, se ha convertido en un recurso intermitente y cada vez más escaso. Con el verano en pleno auge y sin perspectivas de mejora, la pregunta que atraviesa la isla es cuánto tiempo puede resistirse una sociedad sometida a apagones constantes, improvisación y deterioro acelerado.
Conviene confirmar esta información con fuentes oficiales y medios de referencia, ya que los datos pueden actualizarse en las próximas horas.
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