Pulsa «Intro» para saltar al contenido

Cuba: las noches de protesta como preludio de un estallido inevitable

Las noches de protesta son, en esencia, un recordatorio de que la soberanía no se decreta desde arriba, sino que se ejerce desde abajo. Son la antesala de un despertar que, tarde o temprano, marcará un punto de no retorno en la historia de Cuba. Foto captura Facebook

Por Juan Moreno

La Habana. PLC / Las manifestaciones que se repiten cada noche en casi toda Cuba, motivadas por la falta de corriente, de agua y por una crisis estructural que asfixia a la población, constituyen mucho más que simples expresiones de descontento. Son un ejercicio cívico, un ensayo colectivo de resistencia que anuncia el próximo gran estallido social. La experiencia histórica nos dice que, cuando el pueblo cubano se levanta, lo hace con la convicción de que no habrá retorno hasta lograr la caída del régimen.

El antecedente inmediato es el 11 de julio de 2021, cuando miles de ciudadanos salieron a las calles en la mayor protesta en décadas. La respuesta del régimen fue brutal: centenares de presos, miles de heridos y más de una muerte en una población indefensa y desarmada. Si las actuales manifestaciones no logran un desenlace transformador, es previsible que la represión sea aún más contundente, pues el gobierno ha demostrado que su única estrategia es el control mediante el miedo.

La crisis energética y de servicios básicos no es coyuntural, sino estructural. Décadas de mala gestión, corrupción y aislamiento han dejado al país sin capacidad de garantizar lo mínimo: electricidad, agua potable, transporte y alimentos. La población, cansada de promesas incumplidas, ha convertido la oscuridad de los apagones en escenario de protesta. Cada grito, cada golpe de cazuela y cada marcha improvisada son un acto de dignidad frente a la precariedad.

El régimen enfrenta un dilema: intensificar la represión o aceptar que el modelo político y económico está agotado. La primera opción prolonga el sufrimiento y multiplica las víctimas; la segunda implicaría abrir espacios de soberanía ciudadana, algo que hasta ahora se ha negado sistemáticamente. En cualquier caso, la sociedad civil cubana ha demostrado que no está dispuesta a callar. La memoria del 11J y de otras jornadas de resistencia alimenta la certeza de que el cambio es inevitable.

Las noches de protesta son, en esencia, un recordatorio de que la soberanía no se decreta desde arriba, sino que se ejerce desde abajo. Son la antesala de un despertar que, tarde o temprano, marcará un punto de no retorno en la historia de Cuba.


Descubre más desde Prensa Libre Cuba

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *