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Cuba normaliza la crisis: Granma convierte los apagones en un pronóstico diario como si fuera el estado del tiempo

El órgano oficial del Partido Comunista informa sobre el colapso energético con el mismo tono con que anunciaría lluvias dispersas o temperaturas máximas. Foto © PLC Termoeléctrica Antonio Guiteras

La Habana. PLC / La Habana amaneció este miércoles con un nuevo “pronóstico”, pero no meteorológico: el diario oficial Granma publicó, como si se tratara de un boletín del clima, el parte de apagones previstos para la jornada. La nota, presentada con la frialdad burocrática habitual, confirma que el país vivió afectaciones durante las 24 horas del día anterior y que la máxima caída de generación alcanzó los 2 089 megavatios a las nueve de la noche. En cualquier país, semejante cifra sería una emergencia nacional; en Cuba, se ha convertido en rutina informativa.

El reporte detalla el estado de las termoeléctricas, con una lista que ya parece fija: unidades en avería en la Máximo Gómez del Mariel y en la Lidio Ramón Pérez de Felton; unidades en mantenimiento en las plantas Ernesto Guevara, Antonio Maceo y Diez de Octubre. La enumeración, que debería ser excepcional, se ha transformado en un inventario permanente de un sistema energético colapsado. A ello se suma la generación distribuida, donde 106 centrales están fuera de servicio por falta de combustible, junto a la paralización de las patanas de Regla y Melones y las centrales fuel de Mariel y Moa.

Portada del Granma con el pronóstico de los apagones en Cuba

El parte incluye también datos sobre energías renovables: los parques solares generaron 4 941 MWh, con una potencia máxima de 768 MW. Aunque el Gobierno intenta presentar estas cifras como avances, la realidad es que la energía solar apenas compensa una fracción mínima del déficit estructural. El pronóstico para el horario pico es contundente: disponibilidad de 1 200 MW frente a una demanda prevista de 3 300 MW, lo que implica una afectación estimada de 2 130 MW. En términos prácticos, significa que buena parte del país permanecerá a oscuras durante las horas de mayor actividad.

La publicación de este “pronóstico de apagones” revela un fenómeno inquietante: la normalización de la crisis. El órgano oficial del Partido Comunista informa sobre el colapso energético con el mismo tono con que anunciaría lluvias dispersas o temperaturas máximas. La población, acostumbrada a apagones de 12, 18 o 24 horas, recibe ahora un parte técnico que no ofrece soluciones ni explicaciones, solo la confirmación de que la crisis continúa y se profundiza.

El Gobierno insiste en atribuir la situación al embargo estadounidense y al bloqueo petrolero impuesto por Washington, pero la magnitud del deterioro apunta a causas internas más profundas: obsolescencia tecnológica, falta de inversión, corrupción, mala planificación y un modelo energético incapaz de sostener la demanda nacional. La generación térmica opera con plantas que superan los 40 años de explotación, la generación distribuida depende de un combustible que el país no tiene, y las renovables avanzan a un ritmo insuficiente para compensar el colapso del sistema tradicional.

Mientras tanto, Granma publica cada mañana un parte que ya forma parte del paisaje informativo. La crisis energética, lejos de ser un episodio excepcional, se ha convertido en un estado permanente. El país vive en apagón y el Gobierno lo comunica como si fuera el clima. En Cuba, la oscuridad ya no es noticia: es la normalidad.


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