Pulsa «Intro» para saltar al contenido

Díaz-Canel recorre La Habana entre apagones y desconfianza ciudadana

CUBA-APAGONES

La Habana. PLC / Miguel Díaz-Canel realizó nuevas visitas a los municipios de San Miguel del Padrón y Diez de Octubre en un intento de mostrar presencia en los barrios más golpeados por los apagones, el deterioro de los servicios y el creciente descontento social. La escena, repetida en los últimos días, busca proyectar cercanía y control en medio de una crisis energética que ha desbordado la capacidad del Gobierno para ofrecer explicaciones convincentes. Sin embargo, la reacción ciudadana ha sido crítica, tensa y, en algunos casos, abiertamente hostil.

Los recorridos se producen tras una cadena de apagones prolongados que han dejado a zonas de La Habana sin electricidad durante más de 20 horas diarias. En estos barrios, la vida cotidiana se ha convertido en una lucha contra el calor, la falta de agua y la imposibilidad de conservar alimentos. La presencia del mandatario en las calles, rodeado de escoltas y funcionarios, contrasta con la precariedad visible en cada cuadra: edificios sin mantenimiento, calles oscuras, colas interminables y vecinos exhaustos.

En San Miguel del Padrón, varios residentes expresaron su frustración directamente ante las cámaras oficiales, denunciando que las visitas no resuelven nada y que el Gobierno está desconectado de la realidad que viven las familias. En Diez de Octubre, la reacción fue aún más evidente: comentarios críticos, gestos de desaprobación y reclamos sobre la falta de soluciones concretas. Las imágenes difundidas por medios independientes muestran a un Díaz-Canel que escucha, asiente y promete, pero que no logra revertir la percepción de que el liderazgo está atrapado en un discurso que ya no convence.

El contexto amplifica la tensión. La Habana viene de sufrir tres apagones nacionales en menos de un mes, y las dos principales termoeléctricas del país —Felton y Guiteras— han vuelto a quedar fuera de servicio. La Unión Eléctrica reconoce un “escenario complejo”, pero evita explicar las causas reales del colapso. La población, por su parte, interpreta cada visita presidencial como un intento de contener el malestar antes de que se convierta en protestas mayores, como las que ya se han registrado en Centro Habana, San Isidro y Guanabacoa.

La estrategia del Gobierno parece orientada a mostrar presencia física en los territorios más afectados, pero la brecha entre la narrativa oficial y la experiencia cotidiana de los ciudadanos se ensancha. Las visitas no logran disipar la sensación de que el país atraviesa un deterioro acelerado y que el liderazgo político carece de un plan realista para enfrentar la crisis. En redes sociales, los comentarios son contundentes: “No necesitamos visitas, necesitamos luz”, “Que venga sin cámaras”, “Que arreglen las plantas, no que caminen por las calles”.

La Habana vive así un momento de fragilidad política. La crisis energética ha dejado de ser un problema técnico para convertirse en un detonante social. Cada apagón prolongado alimenta el descontento; cada visita presidencial, lejos de calmar los ánimos, expone la distancia entre el poder y la calle. En este escenario, la pregunta que se repite entre los vecinos es si el Gobierno podrá sostener la narrativa de control mientras la realidad se impone con una crudeza que ya no admite maquillajes.


Descubre más desde Prensa Libre Cuba

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *