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EL AUTO “ESPECTACULAR” QUE REVELA LA DISTORSIÓN DEL MERCADO CUBANO

El auto se vende por 1.3 millones de pesos cubanos, una cifra que en la economía interna equivale a un horizonte inalcanzable para cualquier trabajador. Con un salario promedio que ronda los 4.000 CUP, el vehículo representa más de 300 sueldos mensuales completos. Foto Facebook

CUBA

La última oferta de las tiendas estatales cubanas volvió a encender el debate sobre la desconexión entre el Estado y la realidad económica del país. Esta vez no se trata de pollo importado a precios imposibles ni de ventiladores chinos vendidos como “alta tecnología”, sino de un automóvil Geely CK que el gobierno promociona como “espectacular” y que, según la prensa oficial, constituye una “oportunidad” para los consumidores. La sorpresa no está solo en el precio, sino en lo que el vehículo realmente es.

El auto se vende por 1.3 millones de pesos cubanos, una cifra que en la economía interna equivale a un horizonte inalcanzable para cualquier trabajador. Con un salario promedio que ronda los 4.000 CUP, el vehículo representa más de 300 sueldos mensuales completos. En un país donde la mayoría de los ciudadanos no puede costear ni el transporte público, la idea de adquirir un automóvil a ese precio roza lo absurdo. Pero la segunda sorpresa es aún más reveladora: el auto no es nuevo. Se trata de un vehículo usado, con kilometraje elevado y signos visibles de desgaste, ofrecido como si fuera una pieza de lujo recién salida de fábrica.

La venta de autos usados a precios astronómicos se ha convertido en un símbolo de la distorsión económica que atraviesa Cuba. El Estado, único proveedor legal de vehículos para la población, fija precios que no guardan relación con el poder adquisitivo real ni con el valor del mercado internacional. En cualquier otro país, un automóvil de segunda mano con años de uso y condiciones mediocres sería una compra menor; en Cuba, es un artículo de lujo reservado para quienes tienen acceso a remesas, negocios privados o conexiones políticas.

El episodio del Geely CK no es aislado. Forma parte de un patrón que se repite en electrodomésticos, motocicletas, piezas de repuesto y productos básicos: mercancía usada, deteriorada o obsoleta ofrecida a precios que desafían toda lógica económica. La población observa estas ofertas con una mezcla de ironía y resignación, consciente de que el mercado estatal no está diseñado para satisfacer necesidades, sino para recaudar en un contexto de crisis profunda.

La promoción del auto “espectacular” revela algo más que un desajuste comercial. Expone la brecha entre el discurso oficial y la vida cotidiana, entre la propaganda y la realidad. Mientras el gobierno insiste en presentar normalidad, modernización y oportunidades, la ciudadanía enfrenta escasez, apagones, inflación y un mercado que parece diseñado para un país que no existe.

En un momento en que Cuba vive su peor crisis económica en décadas, la venta de un auto usado a precio de lujo no es solo una anécdota. Es un síntoma. Y como todos los síntomas, apunta a una enfermedad más profunda: un sistema que ya no puede ocultar su desconexión con la vida real de los cubanos.


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