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El domingo negro de Cuba

Desde la madrugada, la isla entró en un ciclo de apagones que afectó a más del 70% del territorio nacional, dejando a millones de personas sin electricidad durante más de veinte horas consecutivas en La Habana y hasta tres días en varias provincias del interior. Foto medios sociales.

La Habana. PLC |Ayer domingo 30 de agosto quedó marcado como uno de los días más oscuros de la crisis energética cubana. Desde la madrugada, la isla entró en un ciclo de apagones que afectó a más del 70% del territorio nacional, dejando a millones de personas sin electricidad durante más de veinte horas consecutivas en La Habana y hasta tres días en varias provincias del interior. La Unión Eléctrica reconoció que la capacidad de generación disponible era insuficiente para sostener siquiera un tercio de la demanda nacional, y que el sistema operaba al borde del colapso técnico.

La Habana vivió el epicentro del malestar. En el Vedado, vecinos de la calle N salieron con cacerolas y gritos después de pasar más de un día sin electricidad. En El Fanguito, unas cincuenta personas, en su mayoría mujeres, volvieron a protestar como ya habían hecho semanas antes, cuando bloquearon la Avenida 23 tras dos días sin luz, agua ni gas. En Lawton, el circuito A465 sufrió cortes de casi 48 horas y, apenas tres horas después de recuperar el servicio, volvió a quedar a oscuras. La secuencia de apagones y reconexiones fallidas alimentó la frustración y la sensación de abandono en barrios donde las protestas se han vuelto recurrentes desde marzo.

Las consecuencias sociales fueron inmediatas. En barrios de La Habana, la basura acumulada por días sin recogida comenzó a arder en esquinas donde los vecinos improvisaron fogatas para iluminar las calles. En el interior del país, los apagones de más de 72 horas paralizaron comercios, hospitales y servicios básicos. La economía, ya golpeada por una contracción prolongada, sufrió otro frenazo: sin electricidad, no hay producción, no hay transporte y no hay comercio. El domingo negro dejó claro que la crisis energética es hoy el principal detonante del malestar social en Cuba.

El Gobierno respondió con el guion habitual: presencia policial en las zonas de protesta, mensajes oficiales que atribuyen la crisis al bloqueo estadounidense y promesas de recuperación que no se sostienen en datos técnicos. La población, sin embargo, percibe que la crisis es estructural y que las soluciones anunciadas —nuevos parques solares, reparaciones parciales, donaciones internacionales— no alcanzan para revertir un sistema que se desmorona. La llegada reciente de miles de sistemas fotovoltaicos donados por China, aunque útil para servicios esenciales, no cambia la realidad de un país cuya red eléctrica depende de plantas obsoletas y combustible escaso.


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