CUBA-CRISIS
Por Antonio Suárez Fonticiella – Prensa Libre Cuba
La Habana. PLC Opinión | Cuba vuelve a hablar del enemigo externo mientras el pueblo sigue esperando respuestas
Cuba vuelve a llevar el mismo argumento a un escenario internacional. Esta vez, desde la cumbre de los BRICS en Nueva Delhi, bajo el lema de resiliencia, innovación, cooperación y sostenibilidad, representantes del Gobierno cubano colocan nuevamente el llamado bloqueo estadounidense en el centro de la explicación de la crisis nacional. El canciller insiste en el tema y el viceministro primero de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Carlos Luis Jorge Méndez, habla de un supuesto “cerco energético” sin precedentes aplicado por Washington.
Pero aquí aparece una pregunta que ya no puede seguir escondiéndose detrás de un discurso repetido durante décadas: ¿hasta dónde llega la responsabilidad de Estados Unidos y dónde comienza la responsabilidad del Gobierno cubano?
Porque Cuba lleva 67 años hablando de enemigos externos, pero el problema energético no nació ayer ni comenzó exclusivamente con las últimas sanciones estadounidenses. Durante décadas la isla recibió petróleo subsidiado, créditos, asistencia económica y cooperación de países aliados. Sin embargo, el resultado que observa hoy el ciudadano cubano es una red eléctrica envejecida, termoeléctricas deterioradas, apagones interminables, falta de combustible y una economía incapaz de garantizar algo tan básico como electricidad estable.
¿Dónde terminó el petróleo venezolano?
Este es uno de los grandes interrogantes.
Tras la llegada de Hugo Chávez al poder, Venezuela se convirtió durante años en el principal sostén energético de Cuba. El acuerdo de cooperación firmado en 2000 llegó a garantizar entre 90.000 y 100.000 barriles diarios de petróleo; en algunos años las estimaciones incluso superaron esa cifra.
No se trataba de petróleo comprado en el mercado internacional. Existía un esquema preferencial mediante el cual Cuba pagaba parte de la factura con servicios profesionales, especialmente médicos y técnicos. Estudios sobre el mecanismo señalan que una parte del pago podía financiarse a largo plazo y en condiciones extraordinariamente favorables.
Entonces surge una pregunta legítima:
- ¿Qué hizo Cuba durante todos esos años con semejante ventaja energética?
- ¿Por qué no se utilizó ese período de abundancia para modernizar profundamente el sistema eléctrico nacional?
- ¿Por qué no se sustituyeron las termoeléctricas más antiguas?
- ¿Por qué no se construyó una infraestructura verdaderamente resistente?
- ¿Por qué no se desarrollaron masivamente las energías renovables?
Y, sobre todo: ¿Dónde están los resultados de aquellos años de petróleo subsidiado?
Hoy Venezuela ya no puede sostener aquel nivel de suministro. En 2024 los envíos habían caído a unos 27.000 barriles diarios, y en los primeros diez meses de 2025 Reuters estimó unos 27.400 barriles diarios.
La caída del suministro venezolano es, sin duda, un golpe enorme para Cuba.
Pero precisamente eso demuestra otra cosa: la dependencia energética también fue una decisión política y económica de La Habana.
Rusia también puso dinero sobre la mesa
Y aquí aparece otra pregunta incómoda.
En 2015 Rusia acordó conceder a Cuba un crédito de hasta 1.200 millones de euros para financiar cuatro nuevas unidades de generación eléctrica: una en la termoeléctrica Máximo Gómez y tres en el complejo de La Habana del Este, con 200 MW cada una.
Sin embargo, años después se conoció que Cuba no había podido acceder al crédito porque no consiguió reunir el 10% de financiamiento inicial requerido, unos 120 millones de euros.
Y aquí surge otra pregunta que debería hacerse públicamente:
- Si existía un crédito destinado específicamente a construir generación eléctrica, ¿por qué Cuba no pudo aportar siquiera la parte inicial necesaria para ponerlo en marcha?
- ¿Dónde estaban las prioridades presupuestarias?
- ¿En qué se gastaron los recursos disponibles?
- ¿Por qué un país sumido en una crisis energética no pudo garantizar los fondos iniciales para un proyecto diseñado precisamente para solucionar esa crisis?
No se trata de negar las dificultades financieras provocadas por las sanciones estadounidenses. Se trata de preguntar por la administración de los recursos que sí estuvieron disponibles.
Y después de todo eso… ¿el problema sigue siendo solamente el bloqueo?
Aquí está el núcleo del debate.
En 2025 Rusia volvió a anunciar inversiones superiores a 1.000 millones de dólares en Cuba hasta 2030, incluyendo proyectos relacionados con electricidad y alumbrado público.
China también incrementó su participación. Reuters informó de proyectos destinados a ampliar considerablemente la generación solar cubana y a modernizar infraestructura eléctrica.
Es decir: Cuba no ha estado completamente aislada del financiamiento, la cooperación y el apoyo internacional.
Ha recibido ayuda de Venezuela. Ha recibido créditos y cooperación de Rusia. Ha recibido cooperación creciente de China. Ha tenido acuerdos con otros países. Ha recibido inversiones y proyectos de diferentes aliados.
Entonces la pregunta ya no puede ser únicamente:
“¿Qué le hizo Estados Unidos a Cuba?”
También hay que preguntar:
“¿Qué hizo Cuba con lo que recibió del resto del mundo?”
Un país no puede vivir eternamente explicando su presente con su pasado
El Gobierno cubano tiene derecho a denunciar las sanciones estadounidenses si considera que perjudican a la población. Y es evidente que las restricciones financieras y comerciales complican las operaciones cubanas, especialmente en el acceso a determinados mercados, financiamiento y combustible.
Pero una cosa es reconocer ese factor y otra muy diferente convertirlo en una explicación universal.
Porque el ciudadano cubano no vive dentro de un comunicado diplomático.
Vive en una casa sin electricidad. Hace colas para conseguir combustible. Cocina cuando puede. Pierde alimentos cuando se va la corriente. Ve deteriorarse sus electrodomésticos. No puede dormir durante apagones de muchas horas. Y observa cómo pasan los años mientras escucha que la solución siempre depende de alguien más.
La crisis energética cubana tiene causas externas, sí. Pero también tiene causas internas, estructurales y acumuladas durante décadas.
La propia realidad demuestra que el problema no es solamente conseguir petróleo. También es qué hacer con él, cómo invertirlo, cómo mantener las plantas, cómo administrar los recursos, cómo reducir pérdidas, cómo diversificar la matriz energética y cómo garantizar transparencia.
La palabra “resiliencia” también debería aplicarse dentro de Cuba
Resulta paradójico hablar en una cumbre internacional de resiliencia, innovación, cooperación y sostenibilidad mientras millones de cubanos llevan años adaptándose a una crisis que parece no tener final.
Resiliencia no debería significar simplemente que el pueblo aguante. Innovación no debería significar buscar un nuevo discurso para explicar el mismo fracaso. Cooperación no debería consistir únicamente en esperar que otro país vuelva a financiar a Cuba. Y sostenibilidad no puede significar depender eternamente de petróleo extranjero para sostener una infraestructura envejecida.
Un país verdaderamente resiliente no solo denuncia sus dificultades: también corrige sus propios errores.
67 años después, las preguntas siguen esperando respuesta
Cuba ha tenido tiempo. Ha tenido aliados. Ha tenido petróleo. Ha tenido créditos. Ha tenido condonaciones de deuda. Ha tenido cooperación internacional. Ha tenido médicos trabajando en el exterior. Ha tenido ingresos por turismo. Ha tenido exportaciones. Ha tenido acuerdos comerciales. Y ha tenido, durante décadas, un sistema político que concentra las principales decisiones económicas.
Por eso, después de 67 años, ya no basta con preguntar cuánto daño ha causado el embargo estadounidense.
También hay que preguntar:
- ¿Cuánto costaron las malas decisiones internas?
- ¿Cuánto dinero se perdió por ineficiencia?
- ¿Cuántos proyectos anunciados nunca llegaron a funcionar?
- ¿Qué ocurrió con los créditos destinados a modernizar la infraestructura?
- ¿Quién responde por las termoeléctricas deterioradas?
- ¿Por qué un país que recibió durante años petróleo venezolano subsidiado terminó dependiendo nuevamente de la ayuda externa para encender sus plantas?
Y quizás la pregunta más importante:
¿Hasta cuándo el ciudadano cubano tendrá que pagar las consecuencias mientras las explicaciones siempre apuntan hacia afuera?
Porque el “bloqueo” puede explicar una parte de la crisis. Pero no puede convertirse en una licencia para no explicar el resto.
El pueblo cubano merece algo más que discursos en cumbres internacionales.
Merece electricidad. Merece combustible. Merece alimentos. Merece infraestructura. Merece transparencia.
Y, sobre todo, merece saber qué se hizo durante estas décadas con los recursos que llegaron a la isla y por qué, después de tantos aliados y tantas promesas, Cuba continúa viviendo una crisis energética que parece no tener final.
La verdadera resiliencia no consiste en sobrevivir eternamente al apagón. Consiste en construir un país donde el apagón deje de ser parte de la vida cotidiana.

La Habana. Periodista independiente, integrante del equipo editorial de Prensa Libre Cuba.
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