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El método del Kremlin para justificar lo injustificable

La maquinaria de desinformación del Kremlin ha desplegado esta semana un patrón claro y peligroso: negar crímenes de guerra documentados, invertir la culpa, manipular la historia y fabricar amenazas inexistentes para presentar la agresión rusa como una misión defensiva. Imagen generada por inteligencia artificial| ©PLC

Redacción Central

Estocolmo. PLC | La maquinaria de desinformación del Kremlin ha desplegado esta semana un patrón claro y peligroso: negar crímenes de guerra documentados, invertir la culpa, manipular la historia y fabricar amenazas inexistentes para presentar la agresión rusa como una misión defensiva. Las campañas del ecosistema FIMI, afín a Moscú, han difundido cuatro narrativas centrales que buscan legitimar la guerra contra Ucrania y reescribir la realidad para audiencias vulnerables dentro y fuera de Europa.

La primera narrativa insiste en que el ejército ruso “respeta estrictamente las leyes de la guerra” y nunca ataca infraestructuras civiles de manera deliberada. Esta afirmación, amplificada por Vladímir Putin, contradice hechos ampliamente documentados: el bombardeo del Teatro Dramático de Mariúpol con niños refugiados, el ataque a la estación de Kramatorsk que mató a 60 civiles, el misil que impactó en un centro comercial de Kremenchuk, el edificio residencial destruido en Dnipro y el ataque directo contra el hospital infantil Okhmatdyt en Kiev. Todos estos episodios ocurrieron mucho antes de que Ucrania desarrollara drones capaces de alcanzar objetivos dentro de Rusia. La estrategia es evidente: borrar la cronología, presentar la invasión como una respuesta y convertir al agresor en víctima.

La segunda narrativa sostiene que Rusia había “perdonado a los civiles” hasta ahora, pero que los ataques ucranianos obligaron a Moscú a abandonar su supuesta moderación. Esta idea fue difundida tras los ataques rusos contra instalaciones eléctricas en Kiev y sus alrededores el 30 de septiembre. Sin embargo, informes independientes demuestran que Rusia nunca ha mostrado contención: los ataques deliberados contra civiles en Jersón, las torturas y asesinatos en Bucha y otras zonas ocupadas desmontan por completo esta versión. Negar crímenes de guerra es una táctica recurrente del aparato propagandístico ruso.

La tercera narrativa lleva la manipulación histórica al extremo: los ataques rusos contra centros de datos ucranianos serían parte de la “salvación de Europa del nazismo”. Sputnik y otros medios estatales han resucitado la retórica de la Segunda Guerra Mundial para presentar a Rusia como el protector del continente frente a una amenaza inventada. Esta instrumentalización de la historia busca movilizar emociones, borrar la falta de justificación legítima de la invasión y presentar cualquier resistencia ucraniana como una expresión de “nazismo”.

La cuarta narrativa afirma que la OTAN está ensayando escenarios ofensivos y preparando un bloqueo de Kaliningrado. Moscú incluso ha insinuado el uso de armas nucleares en ese supuesto escenario. Esta versión se apoya en la imagen de una OTAN agresiva, pese a que las maniobras en el Báltico responden a amenazas reales: Rusia ha multiplicado las antenas de suplantación de señales GPS en Kaliningrado, afectando el tráfico aéreo civil en toda la región. Reforzar defensas ante una amenaza híbrida no equivale a preparar una ofensiva, pero la propaganda rusa necesita alimentar el miedo para justificar su militarización.

El objetivo de estas narrativas es claro: legitimar la agresión, negar los crímenes, distorsionar la historia y presentar a Rusia como víctima de un complot occidental. Para el PLC, este patrón debe ser monitoreado y denunciado con rigor. La desinformación no es un fenómeno periférico: es un arma estratégica que busca debilitar la cohesión democrática, sembrar dudas y justificar violaciones sistemáticas del derecho internacional. Frente a ello, la respuesta debe ser firme, basada en hechos y orientada a proteger la verdad en un entorno donde la mentira se ha convertido en herramienta de guerra.


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