EU-ESPAÑA-GRECIA-UCRANIA
Bruselas. PLC | La jefa de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, Kaja Kallas, llegó a la reunión de ministros de Defensa en Wicklow con un mensaje que, aunque envuelto en diplomacia, tenía un destinatario claro: España debe hacer más para reforzar la defensa aérea de Ucrania. La apelación se basa en un hecho técnico y urgente. Varios países europeos poseen misiles Patriot PAC‑2 que están cerca de caducar, y Bruselas quiere que esos interceptores se envíen a Kiev antes de que pierdan utilidad operativa. Según Kallas, “sabemos que algunos países tienen interceptores que pronto expirarán. Sería muy bueno que se entregaran a Ucrania para proteger a su población”.
España figura en el centro de esta presión diplomática porque es uno de los países con mayores reservas de Patriot en Europa. Además, ya ha prometido al menos cinco misiles a principios de este año y ha comprometido un paquete de asistencia militar de 1.000 millones de euros para 2026. Sin embargo, Bruselas considera que ese gesto es insuficiente frente a la magnitud de la ofensiva aérea rusa y la escasez crítica de interceptores en Ucrania. La demanda europea se intensifica porque los PAC‑2 españoles están entre los que caducarán pronto, lo que convierte su transferencia en una cuestión de oportunidad estratégica: o se usan ahora en Ucrania, o se pierden.
Grecia, por su parte, mantiene una postura de resistencia total. Aunque posee uno de los mayores arsenales de Patriot del continente, Atenas insiste en que necesita sus misiles para proteger su propio espacio aéreo en medio de tensiones persistentes con Turquía. La negativa griega contrasta con su apoyo inicial a Ucrania en 2022, cuando envió munición tras la invasión rusa, pero desde entonces ha rechazado cualquier transferencia de sistemas Patriot.
La urgencia de la petición europea se explica por la situación en el frente. Ucrania ha advertido que su suministro de interceptores está al límite y que no puede frenar los ataques rusos sin un refuerzo inmediato. La escasez se agravó después de que Estados Unidos rechazara entregar cientos de misiles Patriot debido a sus propias necesidades en Oriente Medio, donde las bases estadounidenses enfrentan ataques vinculados a Irán.
La presión sobre España y Grecia también refleja un problema estructural: la producción de nuevos misiles Patriot y del sistema europeo alternativo SAMP/T no puede acelerarse lo suficiente para cubrir la demanda. Las líneas de fabricación están saturadas y los plazos de entrega se extienden durante meses. Por eso Bruselas insiste en recurrir a los arsenales existentes, incluso explorando la posibilidad de que Noruega compre misiles españoles o griegos para luego transferirlos a Ucrania.
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