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GAESA mueve sus fichas en la sombra

Vista aérea del puerto de La Habana mostrando contenedores y maquinaria en operación. Foto archivo

La reestructuración del poder económico en Cuba ha entrado en una fase decisiva. El conglomerado militar GAESA, corazón financiero del régimen, ha comenzado a desprenderse formalmente de la Terminal de Contenedores de Mariel —la infraestructura portuaria más estratégica del país— para transferirla a una nueva empresa estatal, Coral Marítima S.A. La operación, comunicada a clientes el 25 de junio, llega apenas dos días después de que Estados Unidos ampliara su cerco sancionador contra las entidades militares cubanas, incluyendo a Almacenes Universales S.A. (AUSA), responsable del tráfico de contenedores en la Zona Especial de Desarrollo Mariel.

La carta, firmada por Yamile Barrios San Martín, directora comercial de TC Mariel, confirma que la compañía “vendió su patrimonio” a Coral Marítima S.A., que a su vez ha creado la filial Terminales Portuarias CORAL S.A. para asumir la gestión del puerto. Aunque la comunicación asegura que las operaciones continuarán “con total normalidad”, analistas y opositores coinciden en que se trata de una maniobra para eludir las sanciones estadounidenses mediante un cambio de nombre que no altera el control real del negocio.

La operación se produce en un contexto de máxima presión. La ronda de sanciones del 23 de junio incluyó, además de AUSA, al Banco Financiero Internacional (BFI), RAFIN S.A., GeoMinera S.A. y la Empresa Siderúrgica José Martí, todas piezas clave del entramado económico militar. El senador Marco Rubio advirtió que bancos y empresas extranjeras deben “congelar inmediatamente” cualquier actividad con estas entidades, un mensaje que ha provocado que navieras internacionales como CMA CGM y Hapag-Lloyd suspendan envíos hacia Cuba por temor a verse afectadas.

La salida formal de GAESA de la terminal del Mariel no implica una pérdida de poder. Según expertos, el conglomerado militar conserva el control efectivo a través de estructuras paralelas y vínculos internos con los nuevos operadores. Coral Marítima S.A., aunque administrada por el Ministerio de Transporte, forma parte del mismo ecosistema estatal que ha permitido a GAESA dominar sectores estratégicos durante décadas. La reestructuración, más que un traspaso, parece un movimiento táctico para mantener el flujo comercial mientras se esquivan las restricciones financieras impuestas desde Washington.

El Mariel es demasiado importante para que el régimen lo suelte. Es la principal puerta de entrada y salida de mercancías del país, concentra buena parte de las importaciones y exportaciones y es un nodo crítico para la supervivencia económica del Estado. Perderlo por completo significaría un golpe devastador para un sistema que ya enfrenta apagones históricos, inflación descontrolada, escasez de combustible y un colapso productivo generalizado.

La maniobra recuerda a otras operaciones recientes: la desvinculación de GAESA del Centro de Negocios Miramar, ahora controlado al 100% por CEIBA Investments, o la reconfiguración de empresas mixtas para evitar que socios extranjeros abandonen el país. Cada movimiento confirma que el régimen está reordenando su arquitectura económica para sobrevivir al endurecimiento de las sanciones sin ceder poder real.


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