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La deuda bélica de Putin marca un nuevo récord y empuja a Rusia hacia una década de austeridad forzada

En los primeros meses del conflicto, el Gobierno recurrió a su fondo de reserva para cubrir el gasto militar. Pero ese colchón se ha agotado y el Ministerio de Hacienda admite que la única vía para sostener el presupuesto es endeudarse. Foto archivo

Redacción Central

Estocolmo. PLC | El Kremlin ha cruzado un umbral que durante años evitó cuidadosamente: financiar la guerra mediante deuda masiva. El borrador presupuestario filtrado por Reuters y confirma que Moscú se prepara para emitir billones de rublos en bonos del Estado, un ritmo de endeudamiento que no se veía desde hace casi un cuarto de siglo. La Rusia de Vladímir Putin, que durante años presumió de estabilidad fiscal y reservas abundantes, entra ahora en una fase de vulnerabilidad estructural impulsada por el coste creciente de la guerra contra Ucrania.

El giro es profundo. En los primeros meses del conflicto, el Gobierno recurrió a su fondo de reserva para cubrir el gasto militar. Pero ese colchón se ha agotado y el Ministerio de Hacienda admite que la única vía para sostener el presupuesto es endeudarse. La deuda pública, que antes del conflicto se mantenía por debajo del 20 % del PIB, podría alcanzar el 24 % en tres años, el nivel más alto desde 2002. Entonces, Rusia aún se recuperaba de la devastadora crisis de 1998, cuando el país cayó en impago y solo los altos precios del petróleo permitieron reconstruir las cuentas públicas.

Hoy el contexto es mucho más adverso. La economía rusa está aislada de los mercados financieros internacionales, depende de ingresos energéticos cada vez más inciertos y soporta un gasto militar que devora el presupuesto. Según The Moscow Times, la defensa absorberá el 35 % del gasto público el próximo año. En términos de PIB, el gasto bélico ya ronda el 7-8 %, el nivel más alto desde la caída de la URSS. La guerra se ha convertido en el centro de gravedad de la economía rusa, desplazando cualquier otra prioridad estatal.

Para sostener este modelo, el Banco Central ha intervenido de forma directa. Ha inyectado liquidez en los bancos comerciales para que compren deuda del Estado, una operación que recuerda a los mecanismos de financiación encubierta utilizados por economías en crisis. El economista Serguéi Aleksáshenko lo expresó con crudeza: sin ese apoyo, Rusia no podría financiar ni siquiera el déficit de este año. Otros expertos, como Igor Lipsits, advierten de que el Kremlin ha entrado en una espiral peligrosa: pedir prestado para gastar, gastar para sostener la guerra y volver a pedir prestado para cubrir el agujero que deja ese gasto. Una dinámica que, en sus palabras, “destruye la economía”.

Las consecuencias ya se sienten en los hogares. La inflación erosiona salarios y ahorros, los precios suben y los presupuestos familiares se estrechan. El pago de la deuda pronto absorberá más de uno de cada diez rublos del presupuesto estatal, cuando antes del conflicto apenas superaba el 4 %. Es un cambio que afectará directamente a la vida cotidiana de millones de rusos, que deberán cargar con una deuda generada para sostener una guerra que se encarece cada año.

La presión económica es tan evidente que ha despertado alarma en los servicios de inteligencia occidentales. Según el diario alemán FAZ, un diplomático de alto rango resumió las últimas evaluaciones estadounidenses con una frase contundente: “Rusia está perdiendo la guerra”. No se trata solo del frente militar, sino del frente financiero, donde el Kremlin enfrenta un deterioro acelerado que ya no puede ocultar con propaganda ni estadísticas maquilladas.

La Rusia de Putin se adentra en un territorio conocido y peligroso: el de la deuda creciente, la economía intervenida y la dependencia absoluta del gasto militar. El espejismo de estabilidad que el Kremlin proyecta hacia el exterior se desvanece ante una realidad que golpea con fuerza. La factura de la guerra no solo se mide en vidas y territorios, sino en décadas de deuda que los ciudadanos rusos tendrán que pagar durante mucho tiempo.


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