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La Habana entra en su peor oscuridad en dos años mientras crecen las protestas por los apagones

Protestas en Cuba por la falta de electricidad. Foto Facebook

La Habana. PLC / Cuba volvió a quedar a oscuras. El país sufrió el octavo apagón total en apenas 24 meses, un nuevo colapso del Sistema Eléctrico Nacional que dejó a La Habana más de 35 horas sin servicio y a varias provincias hasta tres días consecutivos sin electricidad. La Unión Eléctrica reconoció que la situación es “crítica”, una admisión que ya no sorprende a una población exhausta y acostumbrada a vivir entre velas, mosquitos y alimentos que se echan a perder.

La desconexión masiva del 6 de julio fue confirmada por medios independientes como CiberCuba, que además reportaron advertencias desde Estados Unidos sobre la posibilidad de un colapso estructural del sistema eléctrico y fallas simultáneas de internet. La fragilidad de la red, sometida a décadas de falta de inversión, ha convertido cada jornada en una ruleta: nadie sabe cuándo volverá la luz ni cuánto durará.

En barrios de La Habana como Jaimanitas, los vecinos salieron nuevamente a las calles tras más de 24 horas sin electricidad. Cacerolazos, gritos y pequeños grupos de protesta se extendieron entrada la noche, en un ambiente de cansancio y tensión acumulada. En Santiago de Cuba, donde los apagones son más prolongados, también se registraron manifestaciones. Testigos señalan que incluso alumnos extranjeros que residen en la ciudad se sumaron a los reclamos, sorprendidos por la magnitud del deterioro.

El Gobierno insiste en que trabaja para “estabilizar” el sistema, pero la realidad es que cada apagón deja al descubierto un país que funciona al límite. La falta de electricidad paraliza hospitales, destruye alimentos, interrumpe el transporte y empuja a miles de familias a improvisar soluciones en plena calle. La oscuridad se ha convertido en el escenario cotidiano de una crisis que ya no es solo energética, sino social.

Mientras la UNE anuncia medidas de emergencia y promete nuevas reparaciones, la población enfrenta otro verano marcado por la incertidumbre. La sensación general es que el país ha entrado en una fase donde los apagones ya no son episodios, sino el síntoma permanente de un sistema que se desmorona.


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