Pulsa «Intro» para saltar al contenido

La Habana vuelve a encenderse por dentro mientras el malestar social se extiende por los barrios

Cuba está sometida a una férrea tiranía totalitaria desde hace seis décadas, por tanto, Cuando la tiranía se hace ley, la rebelión es un derecho, Simón Bolívar. Foto archivo

La Habana PLC / La Habana atraviesa otra noche de tensión creciente. En Luyanó, varias mujeres salieron a la calle para protestar por los apagones prolongados que mantienen a la zona en penumbra durante horas. Golpearon cacerolas, gritaron reclamos y encendieron pequeños fuegos con objetos en la vía pública, en un gesto de desesperación que rápidamente atrajo la presencia de patrullas y agentes de la policía. La manifestación, rodeada por fuerzas de seguridad, se mantuvo durante varios minutos y dejó en evidencia el agotamiento de una población que ya no espera soluciones, sino que exige respuestas.

El deterioro de los servicios básicos se siente con especial crudeza en el sistema de salud. Pacientes en distintos municipios denuncian que “no hay nada” en los policlínicos: ni medicamentos esenciales, ni insumos mínimos, ni condiciones para atender emergencias. Los testimonios describen escenas que parecen sacadas de una película de terror: salas oscuras, equipos rotos, personal sin recursos y enfermos que deben regresar a sus casas sin recibir tratamiento. La crisis sanitaria, que se ha profundizado en paralelo a los apagones, se convierte así en un factor adicional de indignación y miedo.

La combinación de falta de electricidad, escasez de alimentos y colapso de los servicios públicos está generando un clima social cada vez más explosivo. Las protestas de Luyanó no son un episodio aislado, sino parte de un patrón que se repite en distintos puntos de la capital. La gente sale a la calle porque dentro de sus casas ya no queda nada que pueda aliviar la situación: ni luz, ni agua, ni medicamentos, ni esperanza. En este contexto, cada apagón prolongado se convierte en un detonante y cada grupo de vecinos que decide protestar añade una chispa más a una ciudad que vive al borde de la saturación.

La Habana, una vez más, está hablando en voz alta. Y lo hace desde el cansancio, desde la precariedad y desde una necesidad urgente de ser escuchada.


Descubre más desde Prensa Libre Cuba

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *