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Rusia prepara una ofensiva híbrida para poner a prueba a la OTAN este otoño mientras avanza su plan de desestabilizar Moldavia

El general alemán Carsten Breuer, citado por Moscow Times, advirtió a principios de agosto que Europa sufre ataques híbridos rusos a diario, especialmente en su parte oriental. Foto © PLC/IA

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Estocolmo. PLC | Las advertencias que circulan desde hace meses en círculos de inteligencia occidentales han adquirido una nueva dimensión. Fuentes consultadas por medios internacionales sostienen que el Kremlin se prepara para ejecutar este otoño una serie de ataques y provocaciones dirigidas contra países de la OTAN, con el objetivo de medir la cohesión de la alianza y sembrar dudas sobre su capacidad de respuesta. La estrategia, según estas filtraciones, forma parte de un plan más amplio que Vladimir Putin habría delineado en una reunión celebrada en diciembre de 2025 con su círculo más estrecho: destruir la OTAN y la Unión Europea desde dentro a lo largo de 2026.

El primer eje del plan consiste en poner a prueba el principio de defensa mutua mediante acciones limitadas contra un país miembro. Las fuentes citadas por el New York Times describen un abanico de posibles operaciones que va desde ciberataques contra infraestructuras críticas hasta incursiones militares de baja intensidad en la frontera oriental de la alianza. El objetivo no sería desencadenar un conflicto abierto, sino generar incertidumbre, tensar los mecanismos de coordinación y exponer cualquier fisura interna. La lógica es conocida: si la cohesión se resquebraja, la disuasión pierde eficacia.

El segundo eje apunta a Moldavia, país que Moscú considera estratégico tras Ucrania. La región separatista de Transnistria, donde residen unos 20 000 ciudadanos rusos, ha sido utilizada durante años como plataforma para justificar una posible intervención bajo el argumento de proteger a la población rusoparlante. La narrativa es idéntica a la empleada en Crimea y el Donbás, y ha provocado que países como Letonia prohíban la compra de inmuebles a ciudadanos rusos y bielorrusos por motivos de seguridad nacional. Las fuentes citadas por el New York Times afirman que el control de Moldavia se ha convertido en la prioridad inmediata del Kremlin.

Los movimientos recientes refuerzan esta lectura. En marzo, fuerzas rusas bombardearon una central hidroeléctrica en Ucrania situada cerca de la frontera moldava, contaminando el agua en ambos lados. También atacaron una línea de alta tensión que suministra el 70 % de la electricidad de Moldavia. Estos golpes selectivos contra infraestructuras críticas no solo afectan a Ucrania: son señales dirigidas a Chisináu y a Bruselas sobre la vulnerabilidad energética de la región.

El general alemán Carsten Breuer, citado por Moscow Times, advirtió a principios de agosto que Europa sufre ataques híbridos rusos a diario, especialmente en su parte oriental. Según Breuer, Rusia está preparando un escenario de confrontación con la OTAN y ha intensificado las llamadas operaciones de zona gris: sabotajes, ciberataques, campañas de desinformación y presión sobre infraestructuras esenciales. Estas acciones buscan erosionar la estabilidad de los países europeos sin cruzar el umbral que obligaría a activar una respuesta militar directa.

El trasfondo económico también es significativo. Rusia está reorientando su aparato productivo y militar hacia un modelo de economía de guerra. La industria armamentística ha recibido prioridad absoluta, el gasto militar ha aumentado de forma sostenida y el Kremlin ha reforzado su narrativa interna sobre un enfrentamiento inevitable con Occidente. La combinación de preparación económica, presión híbrida y planificación estratégica sugiere que Moscú no solo busca ventajas tácticas, sino alterar el equilibrio político europeo.

La posibilidad de ataques limitados contra un país de la OTAN este otoño no implica necesariamente un conflicto convencional. Pero sí indica que el Kremlin pretende medir la capacidad de reacción de la alianza en un momento de tensiones internas, desgaste político y múltiples crisis simultáneas. La ofensiva contra Moldavia, por su parte, apunta a un objetivo más ambicioso: consolidar una esfera de influencia que permita a Rusia proyectar poder hacia el corazón de Europa oriental.

En conjunto, las filtraciones dibujan un escenario en el que Moscú combina presión militar, operaciones híbridas y manipulación geopolítica para avanzar sus intereses estratégicos. La pregunta que se plantean ahora las capitales occidentales no es si Rusia actuará, sino cómo y cuándo. Y, sobre todo, si la OTAN será capaz de responder con la unidad que el Kremlin busca poner a prueba.


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