RUSIA-EE.UU.
Washington. PLC |Los servicios de inteligencia de Estados Unidos han elevado el nivel de alarma ante la posibilidad de que Vladimir Putin intente poner a prueba la cohesión de la OTAN antes de que termine el otoño. Según reveló The Wall Street Journal, las evaluaciones internas han cambiado de forma significativa: Washington ya no considera que Moscú esté demasiado concentrado en la guerra de Ucrania como para abrir otro frente, y ahora cree que el Kremlin podría buscar una escalada calculada en territorio aliado.
La preocupación se basa en una combinación de factores que, según analistas occidentales, suele preceder decisiones arriesgadas: agotamiento de arsenales, estancamiento en el campo de batalla y necesidad política de mostrar fuerza. La guerra en Ucrania ha entrado en una fase de desgaste, con avances mínimos y un consumo acelerado de municiones. A ello se suma el conflicto paralelo con Irán, que ha obligado a Estados Unidos a redistribuir recursos militares y ha reducido sus reservas de armamento crítico. En este contexto, los servicios de inteligencia temen que Putin busque una victoria simbólica fuera del frente ucraniano.
El abanico de posibles acciones es amplio. Las agencias estadounidenses contemplan desde un ciberataque selectivo contra infraestructuras críticas hasta una incursión terrestre limitada en alguno de los países bálticos o en Polonia. La idea no sería desencadenar una guerra abierta con la OTAN, sino medir su reacción, generar incertidumbre y presionar para frenar el apoyo militar a Ucrania. La estrategia encajaría con el patrón de operaciones híbridas que Rusia ha desplegado en los últimos años.
Las advertencias europeas coinciden con esta evaluación. En los países bálticos, las tensiones han aumentado tras una serie de incidentes con drones que las autoridades aún no han logrado explicar. El ministro de Defensa de Lituania, Robertas Kaunas, afirmó que Putin “necesita una nueva escalada, algún tipo de victoria”, y que los Estados bálticos y Polonia son “los objetivos más cercanos”. Alemania también ha elevado su nivel de alerta después de que un dron cargado de explosivos fuera encontrado cerca de un avión de carga en el aeropuerto de Leipzig, un hecho que el ministro del Interior, Alexander Dobrindt, calificó como “escenario de ataque híbrido”.
La preocupación no se limita a incidentes aislados. En varias capitales europeas se interpreta que Rusia está tanteando los límites de la respuesta occidental, buscando puntos débiles y preparando el terreno para una acción que, sin ser masiva, tenga impacto político. La combinación de señales —movimientos militares, actividad de drones, ciberincursiones y retórica agresiva— ha llevado a los gobiernos a reforzar la vigilancia en infraestructuras energéticas, aeropuertos, redes de comunicación y bases militares.
El cambio de postura en Washington es especialmente significativo porque, hasta hace pocos meses, la administración estadounidense consideraba improbable que Rusia abriera un nuevo frente mientras continuara la guerra en Ucrania. Ahora, las evaluaciones coinciden con las advertencias europeas: el riesgo de una provocación rusa contra la OTAN es real y podría materializarse en cuestión de semanas.
La seguridad mundial entra así en una fase de incertidumbre marcada por la posibilidad de que Moscú busque alterar el equilibrio estratégico mediante una acción limitada pero simbólicamente poderosa. En un momento en que los arsenales occidentales están bajo presión y la guerra en Ucrania se estanca, cualquier movimiento inesperado del Kremlin podría desencadenar una respuesta que redefina el rumbo del conflicto.
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