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Trump endurece la ofensiva mientras Irán amplía sus ataques en el Golfo

Un misil estadounidense golpea un lugar en Iran. Foto captura Facebook

Washington. PLC / Por tercera noche consecutiva, Estados Unidos e Irán han intercambiado ataques que ya se extienden por todo el Golfo y amenazan con desencadenar una escalada regional de gran alcance. La dinámica es clara: Washington golpea posiciones militares iraníes en varias provincias y puertos estratégicos, mientras Teherán responde con misiles y drones contra países aliados de EE. UU. y con ataques directos a la navegación comercial en el estrecho de Ormuz.

La noche del lunes, Donald Trump adelantó en una entrevista radiofónica que “les daremos un golpe muy duro esta noche y les daremos un golpe muy duro mañana”. Minutos después, el Comando Central estadounidense (Centcom) inició una nueva oleada de bombardeos que se prolongó durante cinco horas y alcanzó decenas de objetivos militares en Irán, incluidos sistemas de defensa costera, instalaciones de radar, capacidades de misiles y drones, y puertos clave como Bandar Abbas. Según Centcom, el propósito es “degradar la capacidad de Irán para atacar a civiles inocentes y al transporte marítimo comercial en el estrecho de Ormuz”.

La respuesta iraní llegó de inmediato. La Guardia Revolucionaria atacó dos petroleros —el Mombasa y el Al Bahiyah— en aguas territoriales de Omán, dejando un muerto y ocho heridos. Emiratos Árabes Unidos, propietario de los buques, denunció la agresión y afirmó que se reserva “todo el derecho a reaccionar ante esta escalada y a adoptar todas las medidas necesarias para proteger su territorio, a sus ciudadanos y a sus residentes”. Según la versión iraní, los barcos ignoraron “advertencias repetidas” y “decidieron atravesar un campo de minas” antes de ser neutralizados.

La ofensiva iraní también alcanzó Jordania y Baréin, donde sonaron las sirenas de alerta aérea durante la madrugada del martes. Misiles y drones impactaron en varias zonas del país insular, sede de la Quinta Flota estadounidense, obligando a la población a refugiarse. Kuwait y Omán también reportaron daños en infraestructuras y plataformas marítimas.

Mientras tanto, los ataques estadounidenses continúan ampliándose hacia el sur y el oeste de Irán, con impactos en la isla de Qeshm, la provincia de Juzestán y otras áreas estratégicas. La agencia iraní Mehr informó de heridos en Omidiyeh, mientras que medios oficiales confirmaron daños en instalaciones de telecomunicaciones y bases militares. La escalada coincide con el restablecimiento del bloqueo naval anunciado por Trump, que ha prometido imponer un peaje del 20 % a los buques que EE. UU. escolte en Ormuz, reforzando su papel como “guardián del estrecho”.

Pese a la intensidad de los ataques, Trump insiste en que aún es posible una salida negociada. “Teníamos un acuerdo con ellos hace dos días, pero luego dijeron que no podían aceptarlo y que necesitaban seguir negociando”, declaró en el Despacho Oval. Sin embargo, la Casa Blanca notificó al Congreso el 10 de julio que las hostilidades se habían reanudado tres días antes, activando el plazo de 60 días para su aprobación legislativa.

La situación en el Golfo se vuelve cada vez más volátil. Con más de 50.000 militares estadounidenses desplegados en la región y una cadena de ataques que ya involucra a varios países, el riesgo de una guerra abierta vuelve a estar sobre la mesa. La combinación de presión militar, tensiones diplomáticas y amenazas a la navegación internacional dibuja un escenario en el que cualquier error de cálculo podría desencadenar una crisis de dimensiones globales.


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