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Ucrania golpea de nuevo a Engels‑2, la base donde Rusia oculta sus bombarderos estratégicos

La base aérea rusa Engels‑2, situada en la región de Saratov y uno de los pilares de la aviación estratégica del Kremlin, volvió a ser objetivo de un ataque ucraniano durante la noche y la mañana del 16 de julio. Foto X

Kiev. PLC / La base aérea rusa Engels‑2, situada en la región de Saratov y uno de los pilares de la aviación estratégica del Kremlin, volvió a ser objetivo de un ataque ucraniano durante la noche y la mañana del 16 de julio, según informaron medios y analistas militares de Kiev. Aunque Moscú no ha ofrecido detalles precisos, las primeras imágenes y reportes indican actividad inusual en la instalación, que alberga bombarderos Tu‑95MS y Tu‑160, utilizados de forma recurrente para lanzar misiles de crucero Kh‑101 contra ciudades ucranianas.

Engels‑2 es, desde el inicio de la invasión, uno de los puntos más sensibles del mapa militar ruso. Allí se concentran no solo los bombarderos de largo alcance, sino también depósitos de combustible, hangares reforzados, sistemas de mantenimiento y personal especializado. El portal Militarny recuerda que en 2025 Rusia inició una ampliación significativa de la base, con nuevas plazas de estacionamiento y obras destinadas a aumentar la capacidad operativa de la flota estratégica. Ese crecimiento, señalan analistas, buscaba dispersar los aviones y reducir la vulnerabilidad ante ataques con drones de largo alcance.

Los ucranianos, sin embargo, parecen haber apuntado esta vez a un objetivo distinto. Fuentes militares en Kiev sugieren que el ataque no se dirigió a los bombarderos —que Rusia mantiene cada vez más ocultos en hangares endurecidos— sino a instalaciones logísticas y de apoyo, esenciales para sostener las operaciones de la aviación estratégica. La hipótesis más extendida es que se buscó afectar depósitos de combustible o sistemas de comunicación y radar, elementos que permiten a los Tu‑95MS y Tu‑160 operar con rapidez y seguridad.

En redes sociales circularon videos de explosiones y actividad de emergencia en la zona, aunque su autenticidad no ha sido verificada de manera independiente. El Ministerio de Defensa ruso, como en ocasiones anteriores, afirmó que la defensa aérea interceptó “objetivos enemigos” y que no hubo daños significativos. Sin embargo, la historia reciente de Engels‑2 contradice esa narrativa: la base ha sido atacada al menos cuatro veces desde 2022, y en dos de esos incidentes se confirmaron daños en aeronaves y estructuras.

El ataque del 16 de julio se produce en un momento en que Ucrania intensifica su campaña de largo alcance contra la infraestructura militar rusa, aprovechando nuevas capacidades de drones y misiles suministrados por aliados occidentales. Para Kiev, golpear Engels‑2 tiene un valor estratégico y simbólico: es el lugar desde donde despegan los bombarderos que destruyen ciudades ucranianas, y demostrar que no es intocable erosiona la sensación de seguridad en la retaguardia rusa.

La región de Saratov, ubicada a más de 600 kilómetros de la frontera ucraniana, se ha convertido así en un frente inesperado de la guerra. Cada ataque a Engels‑2 revela la creciente capacidad de Ucrania para proyectar fuerza en profundidad y obliga a Moscú a destinar recursos adicionales a la protección de su aviación estratégica. Mientras Rusia intenta ocultar sus bombarderos, Ucrania busca exponer la vulnerabilidad de la maquinaria que sostiene la campaña de misiles contra su territorio.


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