RUSIA-UCRANIA GUERRA
Redacción Central
Estocolmo. PLC | La confirmación de Volodymyr Zelenskyj de que un misil balístico de fabricación nacional —el denominado “Pelican”— participó en el ataque del 20 de septiembre contra la refinería de Gazprom Neft en Kapotnia, Moscú, representa un punto de inflexión en la guerra. No solo por el alcance simbólico de golpear una instalación estratégica en la capital rusa, sino porque demuestra que Ucrania ha logrado, en medio de la devastación, construir un arsenal propio de armas de largo alcance capaz de desafiar la arquitectura antiaérea rusa.
El “Pelican”, asociado públicamente al FP‑7 de la empresa Fire Point, es un misil balístico terrestre que ha pasado por dos fases de pruebas operativas y que este mes entró en pruebas militares. Aunque no existe confirmación oficial de que el sistema utilizado sea exactamente el FP‑7, la secuencia de hechos apunta a un debut en combate: el diseñador jefe de Fire Point, Denys Shtilierman, publicó imágenes del ataque y posteriormente difundió material que parece mostrar el lanzamiento de varios misiles. La empresa, que ya produce el dron FP‑1 y el misil de crucero Flamingo, se ha convertido en el núcleo de la industria de largo alcance ucraniana.
Los datos disponibles sobre el FP‑7 son reveladores. Según Ukrmedia, el misil alcanza velocidades de hasta 1.500 metros por segundo, porta una ojiva de 150 kilogramos y tiene una precisión declarada de 14 metros. Su alcance oficial es de 200 kilómetros, ampliado a 300 según la configuración de la ojiva. El analista Vasyl Pechno estima un rango operativo de 200 a 350 kilómetros, insuficiente para llegar a Moscú desde territorio ucraniano. Pero ese no era el objetivo: el misil habría sido parte de una salva combinada diseñada para saturar la defensa antiaérea rusa, abrir brechas y permitir que otros sistemas —incluidos drones de largo alcance— alcanzaran la refinería.
Zelenskyj enumeró una lista amplia de armas utilizadas en la operación: FP‑1, RZ‑100, MICH‑2000, Paljanyzja, Vendetta, Ljutyj, Bars, Sichen, Flamingo y Pelican. La estrategia es clara: combinar perfiles de vuelo, velocidades y trayectorias para complicar la respuesta rusa. Defence Matters subraya que esta táctica busca explotar las debilidades de un sistema antiaéreo ruso que, aunque extenso, ha mostrado vulnerabilidades frente a ataques masivos y heterogéneos. El propio alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, reconoció que se trató del mayor ataque con drones contra la capital hasta la fecha.
El impacto estratégico es doble. Por un lado, Ucrania demuestra que ya no depende exclusivamente de armamento occidental para golpear infraestructura crítica rusa. Por otro, envía un mensaje político: la guerra ha entrado en una fase donde Moscú ya no es un espacio seguro. La refinería de Kapotnia, una instalación clave para la producción de diésel, ardió tras el ataque, afectando temporalmente la capacidad energética rusa.
El contexto político añade tensión. El ataque ocurrió una semana después de que Donald Trump instara públicamente a Zelenskyj a detener los ataques contra refinerías rusas, argumentando que elevaban los precios globales del combustible. Kiev respondió reafirmando que estas instalaciones son objetivos militares legítimos que financian la maquinaria bélica rusa. La directora ejecutiva de Fire Point, Iryna Terech, había adelantado en la feria MSPO de Polonia que el FP‑7 estaría listo para el frente “en unas semanas”. La mención de Zelenskyj confirma que ese momento ha llegado.
El debut del “Pelican” —o del sistema que lo representa— marca un avance decisivo para Ucrania. La capacidad de producir misiles balísticos propios, integrarlos en operaciones complejas y utilizarlos contra objetivos estratégicos en territorio ruso redefine el equilibrio tecnológico del conflicto. Rusia, que durante años ha confiado en su superioridad en misiles y defensa antiaérea, enfrenta ahora un adversario que ha aprendido, adaptado y construido bajo fuego.
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