CUBA-COMUNISMO
La Habana. PLC | El XXIV Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros (EIPCO) abrió sus sesiones en La Habana con la pompa habitual de los eventos políticos que el Gobierno cubano organiza para proyectar influencia internacional. Delegaciones de decenas de partidos, discursos solemnes, homenajes a Fidel Castro en su centenario y un Palacio de Convenciones impecablemente preparado conforman la escenografía de un foro que pretende reafirmar la vigencia del movimiento comunista mundial. Pero esa imagen contrasta de manera brutal con la realidad del país anfitrión: una Cuba sumida en una crisis económica, social y humanitaria que no se puede ocultar detrás de banderas rojas ni consignas antiimperialistas.
El lema del encuentro —defender el legado de la Revolución, profundizar la solidaridad con la Cuba socialista y unir fuerzas contra la agresividad imperialista— busca proyectar cohesión ideológica en un momento en que el comunismo internacional atraviesa una pérdida evidente de influencia global. Sin embargo, el problema más urgente no está en la retórica del foro, sino en el contexto en que se celebra. Mientras el Gobierno cubano despliega recursos para recibir a 118 partidos de todos los continentes, la población enfrenta apagones prolongados, inflación acelerada, escasez de alimentos, deterioro de los servicios básicos y un éxodo masivo que ha vaciado barrios, centros laborales y universidades.
La contradicción es evidente. El Estado cubano, que asegura no tener recursos para garantizar leche, medicamentos o transporte público, sí dispone de fondos para organizar un evento internacional de varios días, alojar delegaciones, garantizar seguridad, logística, transporte y una puesta en escena que pretende mostrar fortaleza política. La Habana se convierte, por unos días, en capital del comunismo mundial, mientras los cubanos continúan haciendo colas para comprar arroz, aceite o pollo a precios que superan los salarios mensuales.
El EIPCO se presenta como un espacio de coordinación política y debate ideológico, pero su celebración en Cuba revela otra dimensión: la necesidad del Gobierno de reforzar su legitimidad internacional en un momento de desgaste interno. La presencia de Miguel Díaz-Canel en la inauguración, junto con el homenaje a Fidel Castro, busca proyectar continuidad histórica y liderazgo regional. Sin embargo, esa narrativa choca con la realidad de un país donde la legitimidad del sistema político se erosiona cada día, no por campañas externas, sino por la incapacidad del Estado para sostener la vida cotidiana.
Los partidos asistentes hablan de solidaridad con Cuba, pero esa solidaridad se expresa en discursos, no en soluciones. Ninguno de los debates del encuentro aborda la crisis económica cubana con la profundidad que exige la situación. No se discute la inflación que devora salarios, la caída de la producción nacional, la fuga de profesionales, la pérdida de poder adquisitivo, la crisis energética ni el colapso de sectores estratégicos. El foro se concentra en denunciar la agresividad imperialista, pero evita analizar las responsabilidades internas que han llevado al país a su peor momento en décadas.
El contraste entre la solemnidad del EIPCO y la precariedad de la vida en Cuba es un síntoma de un modelo político que prioriza la imagen internacional sobre las necesidades de su población. La Habana puede albergar delegaciones de todo el mundo, pero no puede garantizar estabilidad económica. Puede organizar homenajes a Fidel Castro, pero no puede asegurar leche para los niños. Puede reunir a 118 partidos comunistas, pero no puede detener el éxodo de sus propios ciudadanos.
El encuentro internacional pretende rendir homenaje al legado de la Revolución Cubana. Pero ese legado, para millones de cubanos, ya no se mide en discursos, sino en la realidad que enfrentan cada día. Y esa realidad no se transforma con foros ideológicos, sino con cambios profundos que el Gobierno sigue evitando.
Descubre más desde Prensa Libre Cuba
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.











Sé el primero en comentar