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Venezuela en ruinas: el doble terremoto deja más de 900 muertos, miles de heridos y desaparecidos, entre ellos ciudadanos cubanos

Imagen que han dejado los terremotos en Venezuela. Foto Facebook

Venezuela amanece convertida en un país herido. Las cifras oficiales, que crecen casi a cada hora, dibujan la magnitud de una tragedia que ha golpeado con especial violencia al estado de La Guaira y a varias zonas de Caracas. Según el balance más reciente del Gobierno venezolano, los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 han dejado al menos 920 muertos y 3.360 heridos, además de cientos de edificios colapsados o gravemente dañados.

La devastación es visible en La Caraballeda, Catia La Mar y otras localidades costeras donde los equipos de rescate —venezolanos y extranjeros— trabajan contrarreloj entre montañas de escombros. Las imágenes difundidas por agencias internacionales muestran edificios partidos en dos, hospitales evacuados por riesgo estructural y calles convertidas en corredores improvisados para ambulancias y brigadas de emergencia.

El impacto humano es aún más difícil de cuantificar. El Gobierno ha habilitado refugios temporales en Caracas y ha solicitado ayuda internacional para sostener las labores de rescate. Estados Unidos, México, Qatar, El Salvador y equipos de Naciones Unidas ya operan en las zonas afectadas, aportando especialistas en búsqueda y rescate, drones y apoyo logístico.

A la tragedia nacional se suma un dato que resuena con fuerza en Cuba: hay ciudadanos cubanos entre los desaparecidos. Aunque las autoridades venezolanas no han ofrecido una cifra desglosada por nacionalidad, medios regionales y reportes diplomáticos confirman que varios cubanos residentes en La Guaira no han podido ser localizados desde el primer sismo. La zona, la más castigada por el desastre, concentra más de 250 edificios afectados, 20 centros comerciales dañados, ocho hospitales comprometidos y más de 200 personas atrapadas bajo los escombros, según el parte oficial difundido por la Asamblea Nacional.

La dimensión del desastre ha obligado a las autoridades venezolanas a declarar la emergencia nacional. Delcy Rodríguez, presidenta encargada, ha insistido en que la prioridad absoluta es rescatar a quienes aún permanecen atrapados. En un mensaje difundido en redes sociales, pidió “dejar de lado cualquier diatriba” y concentrar todos los esfuerzos en salvar vidas.

Mientras tanto, los testimonios de los sobrevivientes revelan escenas de pánico: familias enteras durmiendo en la calle, hospitales desbordados, cortes de electricidad y comunicaciones intermitentes. La cifra de damnificados supera ya las 2.900 familias, y la infraestructura pública registra 68 obras gravemente afectadas, desde carreteras hasta sistemas de agua y telecomunicaciones.

La comunidad internacional observa con preocupación. Las sanciones estadounidenses, según el Departamento de Estado, complican algunos mecanismos de ayuda, aunque Washington ha enviado equipos de rescate especializados desde Virginia y California.

En medio del caos, la búsqueda de desaparecidos se ha convertido en un esfuerzo colectivo. Se ha habilitado incluso una página web para reportar y localizar personas, mientras miles de voluntarios venezolanos se suman a las brigadas de rescate improvisadas.

La tragedia deja a Venezuela en un punto de inflexión. El país, ya golpeado por años de crisis económica y política, enfrenta ahora una emergencia humanitaria de dimensiones históricas. Y para Cuba, la noticia de compatriotas desaparecidos añade un dolor compartido que estrecha aún más los lazos entre dos naciones acostumbradas a sobrevivir en medio de la adversidad.


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