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Washington busca protagonismo en Moscú mientras evita presionar al Kremlin, según analistas internacionales

la prioridad de la Administración Trump es mantener abiertas las vías de negocio con Moscú, incluso a costa de relegar la soberanía ucraniana a un segundo plano, según analista sueco. Foto captura redes sociales.

Estocolmo. PLC. / La visita de los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner a Moscú este fin de semana ha reactivado el debate sobre la estrategia de la Administración Trump en la guerra de Ucrania. Aunque el presidente insiste en que sus emisarios llevan consigo un plan para poner fin al conflicto, los expertos consultados por la prensa internacional coinciden en que Washington no está dispuesto a ejercer la presión necesaria para modificar la postura del Kremlin. El viaje, afirman, parece orientado más a demostrar capacidad de acción que a presentar una propuesta de paz viable.

Jakob Hedenskog, analista del Centro de Estudios de Europa del Este del Instituto de Política Exterior de Suecia, sostiene que la clave del estancamiento es la falta de voluntad de Estados Unidos para confrontar a Rusia en los frentes donde realmente podría influir. “Lo único que podría hacer que Rusia cambiara de opinión es ejercer suficiente presión —militar, económica y política—. Pero EE. UU. no quiere hacerlo”, afirma. A su juicio, la prioridad de la Administración Trump es mantener abiertas las vías de negocio con Moscú, incluso a costa de relegar la soberanía ucraniana a un segundo plano. “Los europeos son demasiado débiles para hacerlo por su cuenta”, añade, subrayando la ausencia de un contrapeso occidental capaz de influir en el Kremlin.

La llegada de Witkoff y Kushner a Moscú fue recibida con entusiasmo por Vladimir Putin, quien declaró a la agencia estatal TASS que ambos “siempre son bienvenidos en Rusia” y que Moscú se alegra de colaborar con ellos. El presidente ruso los recibió en el Kremlin para discutir lo que Trump ha descrito como un “plan para poner fin a la guerra”. El domingo, los enviados viajarán a Kiev para reunirse con Volodímir Zelenski, en lo que sería su primera visita a la capital ucraniana. Putin, sin embargo, ya adelantó su lectura del proceso: “Pase lo que pase allí, este tipo de contactos siempre son beneficiosos”, dijo, dejando entrever que la iniciativa estadounidense podría servir más a la narrativa de Moscú que a un avance real hacia la paz.

La trayectoria reciente de Witkoff y Kushner muestra un patrón de hiperactividad diplomática con resultados limitados. En febrero estuvieron en Ginebra mediando simultáneamente en dos de los mayores conflictos del mundo. Durante la primavera y el verano se volcaron en la guerra de Irán, sin lograr avances significativos. La prensa internacional ha señalado que la Administración Trump parece apostar por una diplomacia paralela basada en enviados personales, al margen de los canales tradicionales del Departamento de Estado. Isak Svensson, catedrático de Estudios sobre la Paz y los Conflictos en la Universidad de Uppsala, explica que este enfoque tiene ventajas —contacto directo, flexibilidad, rapidez—, pero también riesgos evidentes. “Aquí se pueden ver algunos de los inconvenientes: que no se tiene capacidad para mantener en marcha varios procesos al mismo tiempo”, afirma.

Según Svensson, la reactivación del canal Moscú–Kiev podría responder a la necesidad de la Casa Blanca de mostrar algún éxito diplomático tras meses de estancamiento en otros frentes. “Puede haber cierta explicación en que se busquen oportunidades para lograr un éxito aquí, ya que la situación se ha estancado en los demás ámbitos”, señala. La prensa europea coincide en esta lectura: el viaje parece más un intento de reposicionar a Estados Unidos como actor indispensable que una iniciativa con posibilidades reales de modificar la dinámica del conflicto.

Mientras tanto, el Kremlin aprovecha cada gesto para reforzar su imagen de interlocutor imprescindible. La bienvenida pública a Witkoff y Kushner, el énfasis en la “colaboración” y la insistencia en que cualquier contacto es “beneficioso” forman parte de una estrategia que busca proyectar normalidad diplomática pese a la guerra. Para Moscú, recibir emisarios estadounidenses sin asumir compromisos concretos es una forma de mostrar que sigue controlando el ritmo y los términos de la negociación.

La comunidad internacional observa el proceso con cautela. Los medios europeos destacan la falta de claridad sobre el supuesto plan de paz que Trump asegura tener en sus manos. La prensa estadounidense, por su parte, subraya que la Casa Blanca no ha explicado cómo pretende influir en Rusia sin recurrir a presión militar o económica. En Kiev, la expectativa es moderada: Zelenski recibirá a los enviados, pero el Gobierno ucraniano sabe que cualquier avance dependerá de la disposición del Kremlin a modificar una estrategia que, hasta ahora, no ha mostrado fisuras.

La visita de Witkoff y Kushner, por tanto, se desarrolla en un escenario donde las intenciones declaradas chocan con las limitaciones reales de la diplomacia estadounidense. Washington quiere aparecer como actor decisivo, pero evita los instrumentos que podrían darle influencia. Moscú recibe a los emisarios con cortesía calculada, consciente de que la iniciativa refuerza su posición sin obligarlo a concesiones. Y Ucrania espera, una vez más, que las promesas de paz no se conviertan en otro ejercicio de gesticulación internacional sin efectos sobre el terreno.


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