Por Marta Pérez | Prensa Libre Cuba
Estocolmo. PLC | En mayo de 2026, La Hora de Cuba y el medio georgiano Netgazeti recibieron en Estocolmo el Civil Rights Defender of the Year Award, otorgado por Civil Rights Defenders en reconocimiento a su defensa del periodismo independiente y la libertad de expresión. Cuatro meses después, aquel gesto de respaldo internacional adquiere un significado inquietante: figuras centrales de ambos medios están hoy en prisión.
En Cuba, Henry Constantín, director de La Hora de Cuba, fue detenido el 16 de septiembre. Durante varios días su defensa tuvo dificultades para obtener información sobre su situación legal y su paradero. Finalmente, fue trasladado a la prisión Kilo 7, en Camagüey. Su arresto no es un hecho aislado. La Hora de Cuba ha trabajado durante años bajo interrogatorios, detenciones, amenazas, vigilancia y cortes de Internet. Civil Rights Defenders ha descrito el ejercicio del periodismo independiente en Cuba como una actividad sometida a presión estatal constante.
En Georgia, Mzia Amaglobeli, cofundadora de Netgazeti, cumple una condena de dos años de prisión tras ser detenida durante las protestas de 2025. Organizaciones internacionales de derechos humanos y de defensa de la prensa han cuestionado el proceso judicial y denunciado una creciente presión contra periodistas y organizaciones civiles. Netgazeti también ha sufrido la incautación de sus cuentas bancarias. Paralelamente, nuevas leyes georgianas han incrementado los controles sobre organizaciones que reciben financiación extranjera, mientras periodistas y activistas enfrentan multas, procesos y detenciones. En septiembre de 2026, Human Rights Watch denunció el uso de disposiciones administrativas para sancionar expresiones publicadas en redes sociales.
Georgia y Cuba no son sistemas políticos equivalentes. Georgia mantiene medios independientes, organizaciones civiles, oposición política y una sociedad que continúa manifestándose públicamente. En Cuba, el sistema de partido único ha eliminado desde hace décadas gran parte de esos espacios. Pero existen señales que merecen atención. La represión no siempre comienza cerrando un periódico. Puede empezar dificultando su financiación, persiguiendo a sus periodistas, vigilando las redes sociales o utilizando leyes y procedimientos administrativos para aumentar progresivamente el costo de disentir. Los cubanos conocemos demasiado bien hasta dónde puede llegar ese proceso cuando desaparecen los contrapesos al poder.
La imagen que hoy dejan los premiados por Civil Rights Defenders es especialmente simbólica: Mzia Amaglobeli está en una prisión georgiana y Henry Constantín en una prisión cubana, mientras sus redacciones continúan trabajando. El premio que recibieron en Estocolmo reconocía su resistencia. Apenas unos meses después, los acontecimientos recuerdan por qué ese reconocimiento era necesario.
La libertad de prensa no desaparece solamente cuando se cierra el último medio independiente. Comienza a desaparecer cuando informar, investigar y cuestionar al poder puede costarle la libertad a un periodista.

Marta Pérez nació en Cuba y vive en Suecia desde 1994. Se formó en Kiev y en la Universidad de Linköping, y trabaja como consultora especializada en tecnología, procesos empresariales y transformación digital. Comprometida con la defensa de la libertad, los derechos humanos y la democracia en Cuba, forma parte de la directiva de la Alianza Sueco-Cubana por la Democracia. Asimismo, dirige la sección internacional y colabora como columnista en Prensa Libre Cuba.
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