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La geopolítica del petróleo en el estrecho de la Florida: El Derecho Internacional y la crisis entre EEUU y Cuba

Leyenda de la imagen: Buques militares y de carga en operación en aguas cubanas.

Por Eduardo Berezán

DEBATE- Hace un par de días en el puerto de la Habana la ansiedad iba en aumento. Un petrolero ruso “El Universal” estaba a punto de llegar a la isla con 242.000 barriles de diesel. Pero el buque desvió repentinamente su ruta y ahora se dirige a un destino no confirmado en  Sudamérica.

El sorpresivo desvío termina siendo un acontecimiento brutal para los cubanos que padecen una crisis energética que se agrava día a día desde que el gobierno de Donald Trump impuso un bloqueo petrolero contra la isla en enero pasado. Curiosamente el mismo Trump permitió llegar a la isla a un petrolero ruso en marzo con 730.000 barriles de crudo.  Pero eso fue entonces y ese combustible ya fue consumido en gran parte. Ahora cualquier ayuda que pueda llegar tardará semanas, si es que llega.

 Tras la caída de la red de apoyo venezolana a principios de este año, Cuba ha quedado envuelta en una vulnerabilidad inédita. Washington está usando el mar y el sistema financiero para aplicar un “torniquete” total a la isla, llevando el concepto de sanciones extraterritoriales de los papeles a la cruda realidad de los puertos.

La administración Trump, con el diseño geopolítico del Secretario de Estado, Marco Rubio, ya no solo sanciona a Cuba, sino que también persigue a los barcos de otras nacionalidades que llevan crudo a la isla.  La Orden Ejecutiva14380 firmada por Donald Trump el 29 de enero de este año, funciona en realidad como una advertencia global que impacta en terceros países.

En enero, PEMEX de México  tuvo que frenar envíos para evitar los aranceles estadounidenses. También Argelia que históricamente ha enviado cargamentos de crudo para ayudar a paliar las crisis del anacrónico sistema eléctrico cubano ha sufrido represalias. EEUU la incluyó en la lista de países propensos a sufrir aranceles punitivos si mantienen el flujo de hidrocarburos a La Habana.

Empresas de transporte marítimo de países como Grecia,Liberia y Panamá (que suelen registrar los buques petroleros internacionales) han recibido advertencias directas de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC). El riesgo de que sus barcos sean confiscados o se les prohíba tocar puertos estadounidenses ha paralizado la contratación de fletes civiles hacia Cuba.

Pero, ¿Es legal que EE.UU. castigue a países y empresas por comerciar con Cuba? Para gran parte de la diplomacia latinoamericana y europea, se trata de una especie de “imperialismo jurídico” y una violación directa a la libertad de comercio y a la soberanía territorial. EE. UU. justifica estas medidas amparándose bajo el paraguas de la “seguridad nacional”

Y así las cosas, el Derecho Internacional se enfrenta a un escenario bastante complejo: una población civil atrapada entre las sanciones unilaterales de una superpotencia y la rigidez de una autocracia militarizada.

Es que el resorte del poder económico en Cuba lo tiene GAESA, el Grupo de Administración Empresarial S.A. Aunque lleva la etiqueta de “Sociedad Anónima” (S.A.) para operar en el comercio internacional, no es una corporación privada ni responde al Ministerio de Economía. Es un mega conglomerado empresarial operado por las Fuerzas Armadas que monopoliza los sectores más lucrativos de la economía cubana, especialmente aquellos que generan divisas extranjeras ya sean dólares o euros.

El conglomerado no permite que sus libros sean auditados por el Parlamento cubano ni por los ministerios civiles. Recientes análisis macroeconómicos revelan que el presupuesto del gobierno civil cubano se diseña sobre apenas el 60% del PIB del país; el otro 40% (manejado por GAESA) se retiene en sus propias reservas y se destina principalmente a seguir construyendo hoteles de lujo, incluso en medio de la actual crisis energética. El Banco Central de Cuba no tiene control sobre estas divisas.

Cuba sufre apagones crónicos y una severa escasez de alimentos agravada por el desplome de la producción agrícola interna, según el informe ante la ONU del Food Monitor Program, publicado este mes. De acuerdo al documento,el monopolio rígido de GAESA sobre la importación y circulación de mercancías ha destruido los incentivos para los agricultores locales, provocando una caída del 67% en la producción agrícola nacional

La crisis actual demuestra que el Derecho Internacional es efectivo sólo cuando las potencias deciden acatarlo. El cerco energético de la administración Trump y el opaco control de GAESA configuran una tormenta perfecta donde las leyes globales se diluyen. Ni las condenas que se pueden escuchar en Europa, ni las resoluciones de las Naciones Unidas tienen el poder de encender una sola central termoeléctrica en la isla. Condenada a la geopolítica de la asfixia externa y la ineficiencia interna, Cuba enfrenta su hora más vulnerable. En el estrecho de la Florida no hay espacio para el derecho internacional: solo hay puertos bloqueados, hoteles vacíos

Eduardo Berezán, periodista y escritor. Nació en Buenos Aires en 1953. Realizó estudios de Historia y Ciencias políticas en la Universidad de Estocolmo y trabajó por más de una década en Radio Suecia. También colaboró entre otros con los periódicos suecos Svenska Dagbladet y Sydsvenska Dagbladet y fue columnista del diario Hufvudstadsbladet de Helsinki, Finlandia. Berezán también fue corresponsal/stringer en Estocolmo entre otros de Radio Nacional de España, BBC y Deutche Welle. Publicó varios trabajos periodísticos sobre América Latina en el Instituto Sueco de Política Internacional, Utrikespolitiska Institutet y ensayos en Global Reporting Books de Estocolmo.

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