Especial Prensa Libre Cuba.
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San Petesburgo. PLC. Rusia ha aprovechado el Foro Económico Internacional de San Petersburgo para enviar un mensaje claro: quiere consolidarse como uno de los socios económicos más estables de Cuba en un momento en que la Isla atraviesa su peor crisis en décadas. Durante el encuentro, funcionarios rusos anunciaron que alrededor de noventa empresas están dispuestas a exportar productos a Cuba y a participar en nuevos proyectos de inversión en sectores estratégicos como energía, transporte, minería, agroindustria, tecnología y farmacéutica. La cifra, presentada como un indicador de compromiso, llega en un contexto marcado por la retirada de compañías occidentales y el endurecimiento de las sanciones estadounidenses.
El viceprimer ministro ruso Dmitri Chernishenko afirmó que, pese a la presión internacional, las empresas de su país mantienen su interés en Cuba y buscan establecer una cooperación a largo plazo. La Habana, por su parte, presentó un paquete de incentivos para atraer capital ruso hacia la generación eléctrica, las energías renovables y la modernización del transporte ferroviario y vial, además de ofrecer ventajas fiscales para proyectos vinculados a refinerías y distribución de combustibles. El viceprimer ministro cubano Óscar Pérez-Oliva Fraga reconoció que la salida de competidores europeos y norteamericanos abre una oportunidad para Moscú en sectores donde la inversión extranjera se ha frenado de manera drástica.
La cooperación no se limita a la infraestructura. Rusia propuso ampliar su presencia en áreas tecnológicas, desde la ciberseguridad y la telemedicina hasta la automatización industrial y la producción farmacéutica, ámbitos en los que busca reforzar su influencia en América Latina. Para Cuba, estas ofertas llegan en un momento crítico, con una economía en contracción, un sistema energético colapsado y un turismo que no logra recuperarse.
El foro, considerado el Davos ruso, reunió a delegaciones de más de ciento treinta países y sirvió para escenificar la sintonía política entre La Habana y Moscú. Ambos gobiernos insistieron en que la experiencia compartida de resistir sanciones puede transformarse en una plataforma de cooperación económica más sólida. En un escenario internacional cada vez más polarizado, Cuba y Rusia parecen dispuestas a profundizar una alianza que combina pragmatismo, necesidad y afinidad política.
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