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La violencia machista se dispara en Cuba: un país sin datos, sin refugios y sin protección real

Imagen generada por IA sobre el alto grado de feminicidios en Cuba. Solo en 2025 documentaron 48 feminicidios, la mayoría cometidos por parejas o exparejas. Imagen PLC

La Habana. PLC / La violencia machista en Cuba avanza como una herida abierta que nadie en el poder parece dispuesto a suturar. Los datos recopilados por los observatorios independientes —los únicos que existen, ante la ausencia de estadísticas oficiales transparentes— muestran un deterioro sostenido y alarmante. Desde 2019 hasta hoy, el Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT) y la plataforma Yo Sí Te Creo en Cuba (YSTCC) han verificado 315 feminicidios en la isla, una cifra que por sí sola desmiente cualquier narrativa de excepcionalidad o control institucional . Solo en 2025 documentaron 48 feminicidios, la mayoría cometidos por parejas o exparejas, en un contexto de crisis económica y represión política que agrava la vulnerabilidad de las mujeres .

El aumento de la violencia machista no puede entenderse sin mirar el entorno. La crisis económica, sanitaria y migratoria ha profundizado la precariedad estructural. Las mujeres cargan con la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados, enfrentan dependencia económica y viven en hogares donde la tensión cotidiana se convierte en un factor de riesgo. Los expertos de OGAT subrayan que estas violencias no son episodios aislados, sino el extremo de un continuo de agresiones normalizadas en una sociedad donde las relaciones de género siguen marcadas por la desigualdad y el control coercitivo .

La falta de transparencia estatal agrava el problema. Cuba no publica estadísticas completas ni desagregadas sobre violencia de género. La relatora de la ONU ya advertía en 1999 que era “difícil determinar el alcance” del fenómeno por la ausencia de datos oficiales, una situación que persiste más de dos décadas después . Esa opacidad no solo impide dimensionar la magnitud real del problema: también obstaculiza la creación de políticas públicas efectivas. En este vacío, los observatorios independientes —criminalizados y precarizados— se han convertido en la única fuente fiable.

A ello se suma un fenómeno inquietante: las desapariciones. Solo entre enero y mayo de 2025, OGAT documentó 13 desapariciones de mujeres y niñas, cinco de ellas menores de 15 años. Dos continúan sin aparecer. La escasez de medicamentos, los trastornos psiquiátricos no tratados y la ausencia de protocolos oficiales de búsqueda inmediata aumentan la vulnerabilidad de estas mujeres y niñas en un país donde la conectividad es intermitente y la denuncia puede convertirse en un acto de riesgo .

Los expertos coinciden en que la violencia machista en Cuba se alimenta de tres factores estructurales: la normalización social, la precariedad económica y la falta de protección institucional. La antropóloga Rita Segato, citada en los informes de OGAT, recuerda que los feminicidios no emergen de la nada: son el desenlace previsible de violencias cotidianas toleradas o invisibilizadas durante años. En Cuba, esa normalización convive con un Estado que no garantiza refugios, no ofrece rutas claras de denuncia y, en muchos casos, desestima o minimiza las alertas de las víctimas .

La disminución parcial de feminicidios verificada en los primeros meses de 2025 —15 casos entre enero y mayo, frente a 23 en el mismo período de 2024— no debe interpretarse como una mejora. OGAT advierte que esta caída responde más a la dificultad creciente para verificar casos que a una reducción real de la violencia: cortes eléctricos, represión, falta de conectividad y miedo a denunciar limitan la circulación de información y la capacidad de monitoreo .

La violencia machista en Cuba no es un fenómeno aislado ni coyuntural: es un síntoma de un país donde las instituciones no protegen, donde la crisis económica erosiona los vínculos sociales y donde la ciudadanía carece de mecanismos efectivos para exigir justicia. Mientras el Estado siga negando la magnitud del problema y obstaculizando el trabajo de quienes lo documentan, la violencia seguirá creciendo en silencio, sostenida por la impunidad y la desesperanza.

La reconstrucción de Cuba —cuando llegue— deberá incluir también la reconstrucción de su tejido social y moral. Y eso implica reconocer que la violencia contra las mujeres no es un daño colateral, sino una emergencia nacional.


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