La declaración del secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, de que “todas las opciones están sobre la mesa” ante la posibilidad de una operación militar para capturar al presidente cubano Miguel Díaz‑Canel, ha elevado de inmediato el tono de la tensión entre Washington y La Habana. Las palabras, pronunciadas durante su visita al Comando Central de Estados Unidos (Centcom) en Florida, se inscriben en un clima de presión creciente sobre el Gobierno cubano y recuerdan la operación ejecutada el 3 de enero en Caracas que terminó con la captura de Nicolás Maduro.
Interrogado por la prensa sobre si el Pentágono contempla un operativo similar en Cuba, Hegseth evitó desmentirlo. “Tenemos opciones por todos lados”, afirmó, insistiendo en que el Departamento de Guerra “se gana la vida planificando” y que el Centcom es la estructura mejor preparada para diseñar escenarios de intervención. Reiteró que su función es presentar alternativas “en diferentes escalas”, dependiendo de las decisiones del presidente de Estados Unidos.
El secretario añadió que el régimen cubano enfrenta “mucha presión” y que los líderes “a veces toman decisiones equivocadas cuando están bajo presión”. No obstante, eludió confirmar si existe inteligencia específica o un plan activo para una operación de captura, replicando la estrategia de ambigüedad que Washington empleó en los meses previos a la caída de Maduro.
Horas antes, en la Base Naval de Guantánamo, Hegseth había lanzado una advertencia directa: sería “imprudente” que Cuba intentara adquirir armamento capaz de alcanzar la base o territorio estadounidense. La frase, pronunciada ante tropas desplegadas en el enclave, reforzó la percepción de que Washington considera la situación cubana un asunto de seguridad nacional. El secretario matizó que no hablaba de “inteligencia específica”, pero reconoció que “siempre hay un riesgo” en un contexto donde se especula sobre posibles suministros militares de Rusia o China a la isla.
La ambigüedad calculada de Hegseth —“opciones, opciones, opciones”— mantiene abierta la posibilidad de una intervención militar sin confirmarla, una táctica que busca presionar a La Habana mientras se preserva el margen estratégico de Washington. La referencia explícita al precedente venezolano añade un elemento de incertidumbre que podría influir en las decisiones del Gobierno cubano en un momento de máxima fragilidad.
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