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Washington eleva la presión sobre Cuba con una advertencia calculada

La advertencia se inscribe en una preocupación más amplia de Washington por la presencia de Rusia, China e Irán en América Latina. Foto del destructor USS Gridley en Panamá. Medios sociales

Ciudad de Panamá. PLC | La nueva advertencia del secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, lanzada desde Panamá, ha añadido una capa más de tensión a la ya compleja relación entre Washington y La Habana. La frase —“todas las opciones están sobre la mesa, incluidas las opciones militares”— no solo fue reproducida por medios internacionales, sino amplificada por la propia Embajada de Estados Unidos en Cuba, que la difundió en sus canales dirigidos al público cubano.

Las declaraciones se produjeron durante actividades vinculadas a ejercicios militares multinacionales y en el marco de la Coalición de las Américas contra los Cárteles (A3C). Interrogado por un periodista sobre si el Pentágono pudiera desempeñar un papel militar en Cuba, Hegseth evitó descartar esa posibilidad. “Cuba haría bien en prestar atención a la disposición del presidente Trump a hacer valer las prerrogativas estratégicas estadounidenses”, afirmó, insistiendo en que la Isla “no es rival para Estados Unidos”.

Horas después, desde el destructor USS Gridley, el mensaje fue aún más directo: “Queremos más cooperación de Cuba, les guste o no”. Hegseth acusó al Gobierno cubano de permitir durante años que actores extranjeros utilizaran la Isla para espiar a Estados Unidos y advirtió que Washington “no va a tolerar ese tipo de influencia maligna en nuestro hemisferio”. En su intervención, encuadró la postura de la Administración Trump en lo que denominó el “Corolario Trump de la Doctrina Monroe”, una reinterpretación endurecida de la histórica política hemisférica estadounidense.

La advertencia se inscribe en una preocupación más amplia de Washington por la presencia de Rusia, China e Irán en América Latina. Según Hegseth, esos países han intentado ampliar su influencia aprovechando la debilidad o ausencia de Estados Unidos en la región, pero la situación estaría cambiando: los gobiernos latinoamericanos —incluida Cuba— “entienden dónde está el equilibrio de poder”.

La dureza del mensaje contrasta con contactos recientes entre funcionarios estadounidenses y cubanos que habían dejado entrever la posibilidad de una relación menos confrontativa si La Habana modificaba algunas de sus políticas. En ese contexto, la frase “todas las opciones están sobre la mesa” funciona también como instrumento de presión: un recordatorio de que Washington mantiene abierta la vía militar, pero que esa amenaza puede servir para empujar a Cuba hacia una negociación en términos más favorables para Estados Unidos.

La decisión de la Embajada estadounidense en La Habana de difundir el mensaje refuerza esa lectura. Al llevar las palabras de Hegseth directamente al público cubano, Washington no solo advierte al Gobierno, sino que busca moldear la percepción interna sobre la correlación de fuerzas y el margen de maniobra del régimen.

En un momento en que la región vive una reconfiguración estratégica y Cuba atraviesa una crisis profunda, la ambigüedad calculada de Washington —una mezcla de amenaza, presión diplomática y apertura condicionada— parece orientada a mantener a La Habana en un estado de alerta y, al mismo tiempo, a forzarla a considerar una negociación que reduzca la influencia de actores externos en la Isla.


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