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La OEA exige el restablecimiento de la democracia en Cuba, Venezuela y Nicaragua

El secretario general de la OEA, Albert Ramdin. Foto X

La Organización de Estados Americanos (OEA) lanzó este jueves un mensaje inusualmente directo a los Gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, a los que instó a restaurar el orden democrático y poner fin a la persecución política. “En las Américas no hay lugar para la persecución política, ni para el encarcelamiento basado en opiniones o en la disidencia”, afirmó la Secretaría General del organismo, encabezada por Albert Ramdin, en una declaración que marca un endurecimiento del tono frente a los tres regímenes autoritarios de la región.

El pronunciamiento llega en un momento de creciente deterioro institucional en los tres países. En Cuba, el Gobierno de Miguel Díaz-Canel mantiene en prisión a centenares de manifestantes detenidos tras las protestas de 2021 y 2024, mientras la crisis económica más profunda en tres décadas ha provocado un éxodo sin precedentes. En Venezuela, el gobierno continúa bloqueando la participación plena de la oposición, pese a los acuerdos firmados en Barbados, y mantiene un sistema judicial que organismos internacionales describen como un instrumento de control político. Nicaragua, por su parte, vive bajo un régimen de partido único de facto, con más de 300 opositores despojados de su nacionalidad y un cierre sistemático de medios, ONG y universidades.

La OEA, que durante años ha sido criticada por su incapacidad para influir en estos escenarios, intenta ahora recuperar protagonismo en un continente marcado por la erosión democrática. La declaración de Ramdin subraya que la defensa de los derechos humanos y las libertades políticas no es negociable y que la región no puede normalizar la existencia de gobiernos que encarcelan a opositores, cierran espacios cívicos y manipulan procesos electorales. Aunque el organismo carece de mecanismos coercitivos directos, su voz tiene peso diplomático y puede activar procesos de seguimiento, misiones de observación y resoluciones que aumentan la presión internacional.

El caso cubano ocupa un lugar central en la declaración. La isla no es miembro activo de la OEA desde 1962, pero el organismo insiste en que la exclusión no implica indiferencia. La Secretaría General ha reiterado que Cuba debe avanzar hacia un sistema político plural, liberar a los presos de conciencia y permitir la existencia de partidos y medios independientes. La referencia explícita a la persecución política apunta a la criminalización de la disidencia, un rasgo estructural del sistema cubano que se ha intensificado en los últimos años con nuevas figuras penales y un control digital más estricto.

En Venezuela, la OEA denuncia la falta de garantías electorales y la persistencia de presos políticos, mientras en Nicaragua el foco está en la represión total del espacio cívico y la expulsión de organismos internacionales. La declaración conjunta coloca a los tres países en un mismo plano de autoritarismo consolidado, algo que varios gobiernos latinoamericanos evitan mencionar abiertamente por razones ideológicas o estratégicas.

El mensaje de Ramdin también refleja un cambio de clima hemisférico. La región vive un momento de reacomodo político, con gobiernos que, pese a sus diferencias, reconocen que la deriva autoritaria de Cuba, Venezuela y Nicaragua genera inestabilidad, migración masiva y tensiones diplomáticas. La OEA intenta situarse como un actor capaz de articular una respuesta colectiva, aunque su margen de acción depende de la voluntad de los Estados miembros, muchos de los cuales mantienen posiciones divergentes sobre cómo abordar estas crisis.

La declaración no menciona medidas concretas, pero abre la puerta a nuevas resoluciones y a un mayor escrutinio internacional. Para los tres gobiernos señalados, el pronunciamiento supone un recordatorio de que la región no ha normalizado su deriva autoritaria. Para la oposición democrática en esos países, representa un respaldo simbólico en un contexto de creciente aislamiento interno.

En un continente donde la democracia convive con retrocesos preocupantes, la OEA intenta recuperar su papel como guardián de la Carta Democrática Interamericana. El desafío es monumental: tres regímenes consolidados, una región fragmentada y una ciudadanía cada vez más escéptica. Pero el mensaje es inequívoco: la persecución política no puede ser parte del paisaje americano.


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