RUSIA-CHINA
Berlín. PLC / Documentos confidenciales obtenidos por The Insider, en colaboración con Der Spiegel y Le Monde, revelan que China y Rusia han discutido planes para neutralizar la red de satélites Starlink, propiedad de Elon Musk, considerada esencial para las comunicaciones militares ucranianas. Según la investigación, los dos países han celebrado foros militares ultrasecretos desde 2020, donde intercambian tecnología, tácticas y proyectos conjuntos con el objetivo de contrarrestar la superioridad tecnológica occidental.
Los documentos incluyen cuatro presentaciones internas del Foro de Cooperación Militar-Técnica China–Rusia, celebrado en Guangzhou en noviembre de 2023, y un protocolo firmado en Moscú en junio del mismo año. En estas reuniones, ingenieros y altos mandos de ambos países debatieron métodos para “derrotar” Starlink, desde presiones legales y diplomáticas hasta acciones técnicas y militares. Entre las propuestas figuran ocupar bandas de frecuencia y posiciones orbitales necesarias para la expansión de la red, generar interferencias electromagnéticas, lanzar ciberataques contra terminales civiles y desarrollar armas de bajo coste capaces de destruir satélites.
El interés de China y Rusia por Starlink no es casual. Desde 2023, la red se ha convertido en la columna vertebral de las comunicaciones ucranianas en el frente: coordina evacuaciones médicas, corrige fuego de artillería y permite operar drones en tiempo real. Su relevancia es tal que funcionarios estadounidenses la describen como “irremplazable”. Para Moscú y Pekín, Starlink representa un nodo crítico de la infraestructura militar occidental y un símbolo de la dependencia estratégica de Ucrania respecto a Estados Unidos.
La investigación también muestra que la cooperación militar entre ambos países es más profunda de lo que admiten públicamente. China y Rusia trabajan en cinco áreas clave: armas espaciales y sistemas para destruir satélites, defensa aérea y antimisiles de nueva generación, municiones merodeadoras autónomas en modo enjambre, vehículos blindados avanzados y aviación militar. En 2024, durante otro foro secreto en Ekaterimburgo, China propuso intercambiar datos sobre ataques rusos con drones en Ucrania para mejorar sus propios sistemas, ofreciendo a cambio capacidades de inteligencia artificial y producción masiva.
Aunque ambos gobiernos insisten en que su cooperación “no amenaza a terceros países”, los documentos muestran una estrategia coordinada para desafiar la arquitectura de seguridad occidental y reducir la ventaja tecnológica de Estados Unidos y la Unión Europea. La posibilidad de un ataque conjunto contra Starlink —ya sea legal, electrónico, cibernético o cinético— añade una dimensión preocupante a la competencia geopolítica en el espacio y confirma que la guerra tecnológica es ya un frente central del conflicto global.
La investigación subraya que la alianza militar entre China y Rusia, pese a las sanciones y presiones internacionales, avanza hacia una cooperación estructurada y multidominio que podría alterar el equilibrio estratégico en Europa y Asia. Para los analistas occidentales, el mensaje es claro: la infraestructura espacial comercial, convertida en herramienta militar, se ha transformado en un objetivo prioritario en la nueva era de confrontación global.
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