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China y Rusia consolidan su red de espionaje en Cuba y reabren un frente estratégico a 200 kilómetros de Florida

Mapa de las estaciones militares de escucha de China y Rusia en Cuba. Foto PLC/IA

Washington. PLC / La presencia de estaciones de escucha militares de China y Rusia en Cuba ya no es una sospecha ni un eco de la Guerra Fría: es un hecho documentado por centros de investigación, imágenes satelitales y fuentes de inteligencia estadounidenses. Según análisis recientes del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) y reportes confirmados por The Wall Street Journal, y medios especializados, la isla alberga cuatro bases de espionaje electrónico operadas por China y dos estaciones rusas del sistema GLONASS, todas activas y modernizadas en los últimos años.

Las instalaciones chinas —ubicadas en Bejucal, Wajay, Calabazar y El Salao— forman parte de una red de inteligencia de señales (SIGINT) capaz de interceptar comunicaciones militares, flujos financieros y telemetría espacial procedente de Estados Unidos. Imágenes satelitales analizadas por el CSIS muestran antenas de nueva generación, complejos dinámicos de captura de datos y estructuras circulares masivas (CDAA) que funcionan como radares omnidireccionales de largo alcance. Estas capacidades permiten a Pekín acceder a información crítica que viaja desde satélites hacia estaciones terrestres estadounidenses, incluidas las operaciones en Cabo Cañaveral.

Rusia, por su parte, mantiene dos estaciones GLONASS en Cuba, parte de una red que también opera en Venezuela y Nicaragua. Estas instalaciones pueden interferir y monitorear satélites y comunicaciones estratégicas. Aunque la histórica base de Lourdes —que llegó a proporcionar el 75 % de la inteligencia militar soviética sobre EE.UU.— cerró en 2002, Moscú ha reactivado su presencia con tecnología más discreta y sofisticada.

Fuentes de inteligencia estadounidenses citadas por medios internacionales aseguran que China y Rusia han triplicado su personal técnico en Cuba entre 2023 y 2026, un salto que no corresponde a mantenimiento rutinario, sino a expansión operativa. La modernización incluye antenas nuevas, enlaces cifrados, estaciones móviles y capacidad de análisis en tiempo real. La proximidad geográfica —menos de 200 kilómetros de Florida— convierte a Cuba en un punto de observación privilegiado para vigilar bases militares estadounidenses, tráfico marítimo y aéreo, y comunicaciones gubernamentales.

El Gobierno cubano niega la existencia de bases extranjeras en su territorio, pero los informes independientes y las imágenes satelitales contradicen esa versión. La cooperación con China y Rusia se inscribe en una estrategia más amplia de ambos países para proyectar influencia en el hemisferio occidental y presionar a Washington desde su propio entorno geopolítico. No se trata de grandes instalaciones visibles como en el siglo XX, sino de redes discretas, complejos modulares y sistemas de escucha capaces de operar 24/7 sin dejar huella pública.

La reactivación de Cuba como plataforma de espionaje devuelve al Caribe una tensión estratégica que parecía enterrada. En plena rivalidad entre grandes potencias, la isla vuelve a ser un nodo crítico en la competencia tecnológica y militar global. Para Estados Unidos, la amenaza es silenciosa pero persistente: no hace ruido, pero escucha todo lo que puede.


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