LATINOAMÉRICA
Por: Antonio Suárez Fonticiella
La Habana. PLC / Durante buena parte del siglo XXI, América Latina estuvo marcada por el llamado “giro a la izquierda”, una etapa en la que numerosos países eligieron gobiernos que promovían una mayor intervención del Estado, amplios programas sociales y un discurso de integración regional. Sin embargo, el panorama político actual muestra una región mucho más fragmentada y con un electorado cada vez más dispuesto a alternar entre distintas opciones ideológicas.
En los últimos años, varios países que anteriormente estuvieron gobernados por fuerzas de izquierda han pasado a ser dirigidos por gobiernos de centroderecha o derecha. Argentina eligió a Javier Milei tras años de administraciones peronistas. Ecuador consolidó un cambio de rumbo con Daniel Noboa. Uruguay dejó atrás el ciclo del Frente Amplio con la llegada de Luis Lacalle Pou y, posteriormente, aunque volvió el Frente Amplio al poder con Yamandú Orsi, el escenario político continúa mostrando una fuerte competencia entre bloques. Panamá eligió a José Raúl Mulino, Bolivia con Rodrigo Paz Pereira ubicado en el centro derecha o la derecha moderada, Chile pasó a ser gobernado por José Antonio Kast y Honduras por Nasry Asfura, ambos identificados con la derecha. En Colombia, Abelardo de la Espriella fue declarado presidente electo y asumirá el cargo el 7 de agosto de 2026, tras imponerse en las elecciones presidenciales.
Estos cambios reflejan, en parte, el desgaste que enfrentan algunos proyectos políticos tras largos períodos en el poder. Factores como el bajo crecimiento económico, el aumento del costo de la vida, la inseguridad, la corrupción y la desconfianza en las instituciones han influido en el comportamiento electoral de millones de ciudadanos.
No obstante, afirmar que la izquierda ha desaparecido de América Latina sería una simplificación. Brasil continúa gobernado por Luiz Inácio Lula da Silva; México, por Claudia Sheinbaum; además, Cuba, Nicaragua y Venezuela, donde siguen en el poder gobiernos identificados con la izquierda o con corrientes afines. Aunque estos países comparten algunas posiciones ideológicas, existen diferencias significativas en sus modelos económicos, institucionales y de política exterior.
Más que el predominio absoluto de una corriente ideológica, la región parece transitar hacia una etapa de mayor competencia electoral. Los votantes muestran una creciente disposición a castigar a los gobiernos que consideran incapaces de resolver problemas como la inflación, la inseguridad, la migración o el deterioro de los servicios públicos, independientemente de su orientación política.
El futuro político de América Latina dependerá menos de las etiquetas ideológicas y más de la capacidad de los gobiernos para ofrecer estabilidad, crecimiento económico y respuestas eficaces a las demandas ciudadanas. En ese contexto, la pérdida de influencia de algunos sectores de izquierda puede interpretarse como parte de un ciclo político en evolución, más que como el final definitivo de una corriente que ha marcado la historia reciente del continente.
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