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RD pide salida de diplomáticos cubanos tras indicios de actividades de inteligencia incompatibles con su misión

Según reveló el diario El Día, altas fuentes con conocimiento directo del caso confirmaron que varios de los funcionarios cubanos habrían aprovechado sus acreditaciones diplomáticas para realizar actividades vinculadas a los servicios de inteligencia y seguridad del Estado cubano. Foto medios sociales

Santo Domingo. PLC | La salida forzada de nueve diplomáticos cubanos de República Dominicana, ordenada con un plazo de siete días y comunicada con una discreción inusual por la Cancillería dominicana, ha dejado de ser un episodio meramente administrativo para convertirse en un síntoma de tensiones más profundas en el Caribe. Lo que inicialmente parecía una medida inexplicada —y que La Habana denunció como un acto de subordinación a Washington— ha sido reconstruido por fuentes diplomáticas dominicanas con un matiz mucho más delicado: presuntas labores de inteligencia realizadas por miembros de la misión cubana en territorio dominicano.

Según reveló el diario El Día, altas fuentes con conocimiento directo del caso confirmaron que varios de los funcionarios cubanos habrían aprovechado sus acreditaciones diplomáticas para realizar actividades vinculadas a los servicios de inteligencia y seguridad del Estado cubano. Estas acciones, consideradas incompatibles con las funciones de una misión diplomática, motivaron la solicitud de retiro. Las autoridades dominicanas, sin embargo, evitaron la vía más severa prevista en la Convención de Viena —la declaración de persona non grata— y optaron por un mecanismo igualmente legítimo: pedir el retiro del personal por canales diplomáticos, preservando formalmente la relación bilateral.

El Gobierno dominicano insiste en que la decisión no implica un deterioro de los vínculos con Cuba. La misión cubana continuará operando con el resto de su personal acreditado, y la Cancillería ha subrayado que conducirá el asunto con “debida discreción”. Pero la discreción, en este caso, no elimina el peso político del gesto. Solicitar el retiro de casi una decena de diplomáticos es una medida de alto impacto, que solo se adopta cuando un Estado considera que su seguridad nacional ha sido vulnerada o puesta en riesgo.

La coincidencia temporal con la deserción de cuatro atletas cubanos tras los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 generó especulaciones inmediatas. Las fuentes consultadas por El Día fueron categóricas: ambos hechos no guardan relación alguna. La salida de los diplomáticos responde a un proceso distinto, previo y sustentado en información manejada por las autoridades dominicanas. La deserción de los atletas, un fenómeno recurrente en eventos deportivos internacionales, no habría influido en la decisión.

El comunicado oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores dominicano se limitó a confirmar la solicitud de retiro y a recordar que la medida se ampara en las facultades del Estado receptor según la Convención de Viena. No ofreció detalles adicionales, alegando la naturaleza reservada de las comunicaciones diplomáticas. Hasta el cierre de la edición, Cuba no había explicado públicamente las razones que, según la información disponible, motivaron la decisión dominicana. Su reacción inicial —acusar a Santo Domingo de actuar bajo presión de Estados Unidos— parece ahora insuficiente frente a las revelaciones sobre presuntas actividades de inteligencia.

El episodio se inserta en un contexto regional marcado por un creciente distanciamiento de varios gobiernos latinoamericanos respecto a La Habana. República Dominicana ya había enviado señales claras: la exclusión de Cuba de la X Cumbre de las Américas, el cambio de voto en la ONU sobre el embargo estadounidense y declaraciones del presidente Luis Abinader cuestionando la naturaleza democrática del Estado cubano. La expulsión de diplomáticos, aunque presentada como un acto técnico y discreto, profundiza ese giro.

Lo ocurrido en Santo Domingo revela un conflicto silencioso que va más allá de la diplomacia formal. La presencia de aparatos de inteligencia cubanos en el Caribe ha sido históricamente un tema sensible, y la decisión dominicana sugiere que el Gobierno consideró que ciertos límites habían sido cruzados. La Habana, por su parte, enfrenta un escenario de aislamiento creciente en la región, donde varios países han comenzado a revisar sus relaciones con el régimen.

La salida de los diplomáticos cubanos no rompe los vínculos entre ambos países, pero sí marca un antes y un después. En diplomacia, los silencios suelen decir más que los comunicados. Y en este caso, el silencio oficial dominicano, combinado con las revelaciones de fuentes internas, apunta a un mensaje inequívoco: Santo Domingo no tolerará actividades que considere una amenaza a su seguridad, aunque prefiera evitar el estruendo de una ruptura formal.


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