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Ortega clausura la democracia: Nicaragua entra oficialmente en la era del poder perpetuo

Organismos internacionales, analistas y opositores en el exilio coinciden en que Nicaragua ha cruzado un umbral definitivo hacia una dictadura familiar. Foto X

México. PLC / Daniel Ortega, presidente de Nicaragua desde 2007 y figura central del sandinismo histórico, anunció durante la conmemoración del 47.º aniversario de la revolución de 1979 que no habrá más elecciones en el país, una declaración que marca el cierre explícito de la vía electoral y consolida un modelo de poder permanente.

El mandatario de 80 años, acompañado por su esposa y copresidenta Rosario Murillo, afirmó que eliminará los comicios para impedir que la oposición “intente atrapar el Gobierno y el poder”. El anuncio se produjo en un acto masivo en Managua, donde Ortega sostuvo que trabajará con la Asamblea Nacional —controlada por el oficialismo— para aprobar leyes que levanten “un muro” contra los opositores, a quienes calificó de “golpistas” y “vendepatrias”.

La decisión supone una escalada autoritaria significativa. Aunque Nicaragua ya vivía bajo un régimen sin competencia real —con elecciones manipuladas, opositores encarcelados y reformas constitucionales que ampliaron el mandato presidencial y crearon la figura de la copresidencia—, Ortega nunca había declarado abiertamente la eliminación total del proceso electoral. Ahora lo hace, alineándose con modelos de partido hegemónico como Cuba o Corea del Norte, donde las elecciones existen solo de forma nominal.

El anuncio también cancela de facto las elecciones previstas para 2027, que ya habían sido pospuestas tras una reforma constitucional aprobada en 2025 que extendió el mandato presidencial de cinco a seis años. Ortega justificó la medida como un mecanismo para impedir el retorno de fuerzas políticas “respaldadas por los Estados Unidos” y aseguró que “nunca más” permitirá una alternancia en el poder.

Organismos internacionales, analistas y opositores en el exilio coinciden en que Nicaragua ha cruzado un umbral definitivo hacia una dictadura familiar. Expertos como Tiziano Breda, de ACLED, señalan que Ortega y Murillo temen que cualquier apertura política pueda desencadenar una ola de disidencia que amenace su control. Por ello, en lugar de organizar elecciones manipuladas, han optado por eliminar la competencia electoral por completo.

El anuncio llega en un contexto de represión sistemática: cientos de opositores encarcelados o desterrados, ciudadanía despojada de su nacionalidad, medios cerrados, vigilancia transnacional y acusaciones de la ONU por desvío de fondos públicos para financiar la persecución política. Nicaragua entra así en una nueva fase de autoritarismo sin ambigüedades, donde el poder queda formalmente blindado frente a cualquier intento de alternancia.


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