GUERRA IRAN
Washington. PLC / La guerra ya no se libra solo en el estrecho de Ormuz. En Washington, a puerta cerrada, crece la inquietud sobre la continuidad de la campaña militar contra Irán. Según reveló CNN, el vicepresidente JD Vance y el general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto, instaron a Donald Trump a reconsiderar una escalada durante una reunión celebrada el viernes en la Casa Blanca, horas antes de que Estados Unidos suspendiera sus ataques tras 13 días consecutivos de bombardeos.
Las advertencias no fueron menores. Vance y Caine expresaron preocupación por el desgaste acelerado del arsenal estadounidense, especialmente los interceptores Patriot, esenciales para proteger bases y aliados frente a los misiles y drones iraníes. Medios como The New York Times y Euronews confirmaron que la caída de las reservas influyó en la decisión de Trump de frenar la ofensiva, ante el riesgo de quedar con capacidades defensivas insuficientes en un conflicto que ya ha cobrado vidas estadounidenses en Jordania.
La pausa también responde a un cálculo político y diplomático. Según CNN, los asesores más cercanos al presidente advirtieron que prolongar la campaña podría desencadenar consecuencias imprevisibles: una escalada regional, tensiones con los aliados del Golfo y un impacto económico global en un momento de precios volátiles del petróleo. Aunque Caine aseguró que el ejército mantiene todas las opciones operativas, insistió en que extender la ofensiva podría agravar el desgaste de recursos críticos.
El conflicto, iniciado el 28 de febrero, ya ha consumido cantidades significativas de armamento avanzado. Un análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) estimó que, para abril, Estados Unidos había utilizado al menos la mitad de sus interceptores THAAD, casi la mitad de sus misiles Patriot y alrededor del 30 % de sus misiles de crucero Tomahawk, cifras que explican la creciente preocupación dentro del Pentágono.
La suspensión de los ataques estadounidenses tuvo un efecto inmediato: Irán también detuvo sus operaciones, según informó Reuters. Teherán condicionó la pausa a que Washington mantenga el cese de bombardeos, aunque ambas partes evitan hablar de una tregua formal. La pausa abre una ventana diplomática, pero no garantiza un cambio de rumbo. Funcionarios iraníes consideran la decisión de Trump una maniobra táctica, no un compromiso duradero.
Mientras tanto, la presión sobre los arsenales estadounidenses y el temor a una escalada mayor han colocado a la Casa Blanca en un dilema estratégico. Trump insiste en que mantiene “todas las opciones sobre la mesa”, pero la realidad militar y política parece empujar a Washington hacia una cautela forzada. La guerra continúa, pero la confianza en la capacidad de sostenerla sin costos internos significativos se ha vuelto más frágil que nunca.
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