CUBA-CIA
Madrid PLC / Enrique “Ric” Prado, exjefe de operaciones de contraterrorismo de la CIA y uno de los cubanoamericanos más influyentes dentro del aparato de inteligencia estadounidense, ha vuelto a colocar a Cuba en el centro del debate geopolítico. En una entrevista concedida a El País en Miami, el veterano de 75 años afirmó que, una vez concluida la guerra con Irán, la Casa Blanca dirigirá su atención hacia la isla y que la combinación entre el presidente Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio ha dado “el empuje” final a una estrategia que, según él, llevaba décadas estancada.
Prado, que se retiró de la CIA en 2004 con un rango equivalente al de general de dos estrellas, sostiene que Cuba es “la próxima manzana que va a caer del árbol”. La frase, pronunciada con la calma de quien ha repetido esta historia muchas veces, resume su convicción de que Washington está preparando un golpe definitivo contra el régimen. El exoficial, que nació en Manicaragua en 1950 y llegó a Estados Unidos a través de la Operación Pedro Pan, recuerda que sus padres huyeron tras enterarse de que estaban en una lista para ser enviados a la Unión Soviética. Ese trauma del exilio, dice, marcó su vida y su carrera.
La entrevista repasa su trayectoria: su llegada a un orfanato en Colorado sin hablar inglés, su paso por la Fuerza Aérea, el rechazo inicial de la CIA y la posterior llamada en 1980, cuando la Administración Reagan buscaba oficiales con credenciales paramilitares para apoyar a la contrarrevolución nicaragüense. Prado afirma que fue el primer hispano con ese perfil dentro de la agencia, y que su carrera en operaciones encubiertas lo llevó a escenarios clave de la Guerra Fría y del combate al terrorismo.
En la conversación, Prado describe a Cuba como un actor que, pese a su deterioro interno, sigue jugando un papel geopolítico relevante para adversarios de Estados Unidos como China, Rusia e Irán. Su visión coincide con otras entrevistas recientes en las que ha advertido que La Habana continúa operando como plataforma de inteligencia y como aliado estratégico de potencias que buscan debilitar la influencia estadounidense en el hemisferio. En espacios como el Museo Americano de la Diáspora Cubana y en charlas sobre su libro Black Ops: The Life of a CIA Shadow Warrior, Prado ha insistido en que el régimen cubano mantiene redes de espionaje activas y una capacidad de influencia que Washington no puede ignorar.
El exoficial también analiza el momento interno de la isla. A su juicio, el colapso energético, las protestas crecientes y la pérdida de aliados internacionales han debilitado al régimen hasta un punto crítico. En la entrevista con El País, sugiere que la Administración Trump considera que el desgaste del Gobierno cubano abre una ventana estratégica que no existía hace una década. Aunque evita detalles operativos, Prado afirma que la política hacia Cuba ha entrado en una fase decisiva y que Washington no permitirá que la isla siga funcionando como “un enclave hostil” en el Caribe.
Sus declaraciones, que combinan memoria personal, análisis geopolítico y advertencias explícitas, han generado debate entre expertos y exiliados. Para algunos, Prado verbaliza lo que muchos en Washington piensan pero no dicen públicamente: que Cuba ha dejado de ser un problema congelado y ha vuelto a convertirse en una prioridad estratégica. Para otros, sus palabras reflejan la visión de un sector del exilio que considera inevitable un desenlace abrupto en la isla.
Lo cierto es que la entrevista llega en un momento de máxima tensión: apagones prolongados, protestas en La Habana, crisis económica extrema y un Gobierno que enfrenta su mayor desgaste en décadas. En ese contexto, la voz de un exalto oficial de la CIA que afirma que Cuba está a punto de “caer del árbol” añade un elemento más a un tablero ya cargado de incertidumbre.
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