CUBA-COMUNICACIONES
Por Frank Abel – Prensa Libre Cuba
La Habana. PLC | La tarde del 18 de agosto dejó al país en vilo. Miles de cubanos salieron corriendo de edificios, centros laborales y viviendas tras recibir en sus teléfonos una alerta de terremoto que advertía de un sismo inminente. La Defensa Civil tuvo que interrumpir la programación televisiva para asegurar que no había ocurrido ningún evento sísmico, mientras el Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas confirmaba que las 24 estaciones del país registraban absoluta normalidad. Durante tres días, la pregunta que circuló en redes, medios y conversaciones privadas fue la misma: ¿de dónde salió la alerta que provocó pánico nacional?
La respuesta llegó finalmente el 21 de agosto, cuando ETECSA admitió que la falsa alarma se originó dentro de su propia infraestructura. Según la empresa estatal, el mensaje fue emitido por “un error técnico‑humano” cometido por especialistas que realizaban pruebas internas en la red de telecomunicaciones. La explicación, aunque escueta, confirmó que el incidente no tuvo relación con Google ni con el sistema de alertas sísmicas de Android, que había sido inicialmente señalado como posible responsable. La compañía aseguró que abrió una investigación, adoptó medidas contra los implicados y ofreció disculpas públicas por el caos generado.
El comunicado oficial coincidió con información adelantada por una fuente vinculada a la alta gerencia de ETECSA, citada por Martí Noticias, que describió el origen del incidente en una prueba realizada en el Centro Tecnológico de la empresa, ubicado en 19 y B, en El Vedado. Según esa versión, el ensayo debía ejecutarse en un entorno controlado, pero terminó transmitiéndose a través de la red móvil nacional. La filtración técnica fue corroborada por registros publicados por CellMapper Cubano, donde se observa que un dispositivo Android recibió primero un “Mensaje de prueba de ETWS” y, un minuto después, la alerta de sismo que desencadenó la evacuación espontánea de miles de personas.
El episodio expuso una vulnerabilidad profunda: la infraestructura de telecomunicaciones del país, altamente centralizada y dependiente de una sola empresa estatal, carece de mecanismos de contención capaces de evitar que un error interno se convierta en una alarma nacional. La reacción pública fue inmediata y reveladora. La población, acostumbrada a la opacidad informativa y a la falta de transparencia institucional, asumió que la alerta era real. La Defensa Civil tuvo que intervenir para desmentirla, y el Servicio Sismológico Nacional reiteró que no había ocurrido ningún movimiento telúrico, calificando la advertencia como “totalmente falsa”.
El trasfondo político del incidente es igualmente significativo. En un país donde la información oficial se gestiona de manera vertical y donde las comunicaciones están bajo control estatal, un error técnico se convierte en un problema político. La admisión tardía de ETECSA, tres días después del hecho, llegó solo cuando Google negó públicamente cualquier responsabilidad. La secuencia revela una tensión entre la narrativa oficial y la presión externa: la empresa estatal no pudo sostener la hipótesis inicial de un fallo externo y tuvo que reconocer que el origen estaba en su propia red.
El episodio también abre interrogantes sobre la seguridad de los sistemas de alerta en Cuba. El ETWS, diseñado para emitir mensajes de emergencia de forma simultánea, demostró que un fallo interno puede activar un protocolo de crisis sin supervisión adecuada. La falta de detalles sobre las “medidas adoptadas” y la ausencia de explicaciones técnicas precisas alimentan la percepción de que el sistema opera sin auditorías independientes ni controles robustos.
La falsa alerta de terremoto no fue solo un error técnico. Fue una demostración de cómo una falla en la infraestructura estatal puede desencadenar un episodio de pánico nacional y, al mismo tiempo, revelar la fragilidad de un sistema que combina centralización extrema, opacidad informativa y dependencia tecnológica. En un país donde la confianza pública está erosionada, un mensaje mal emitido puede convertirse en un síntoma más de un modelo institucional que ya no logra sostener su propia narrativa de control.

La Habana. Periodista independiente, integrante del equipo editorial de Prensa Libre Cuba.
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