CUBA-ECONOMÍA
La Habana. PLC | La advertencia del economista cubano Pedro Monreal, basada en los datos oficiales recién publicados sobre la Producción Estatal de Bienes y Servicios (PEBS), dibuja un escenario que ya no admite eufemismos: Cuba atraviesa en 2026 la mayor contracción económica de su historia contemporánea. Según su estimación, el PIB podría caer este año entre un 26% y un 31%, una cifra que duplica la contracción de 1993 —el año más crítico del Período Especial— y triplica la previsión de la CEPAL para 2026, situada en un 10,3%.
El cálculo de Monreal parte de un dato clave: la PEBS cayó un 13,4% en el primer semestre de 2026 respecto al mismo período del año anterior. A partir de esa base y considerando dos posibles escenarios de inflación —un deflactor del 15% o del 20%—, el economista proyecta una contracción del PIB de entre 26,4% y 30,7%. En ambos casos, la caída supera ampliamente el desplome de 14,9% registrado en 1993, hasta ahora el punto más bajo de la economía cubana desde 1959.
Monreal subraya que la recesión “ya no cabe en las previsiones”. La economía cubana arrastra desde hace años una crisis estructural marcada por baja productividad, inversiones distorsionadas, desequilibrios fiscales, una red eléctrica colapsada y reformas incompletas o fallidas. Sin embargo, el agravamiento reciente responde a un choque externo de naturaleza geopolítica: el recrudecimiento de las sanciones estadounidenses en 2026, que ha cortado el acceso a combustibles, expulsado aerolíneas y hoteleras, y bloqueado canales de pago esenciales para la entrada de divisas.
El resultado es una crisis humanitaria que, según Monreal, supera en varios indicadores la vivida en los años noventa. La caída del turismo, la escasez de combustible y la pérdida de ingresos externos han acelerado el deterioro de servicios vitales, ampliado la desigualdad y profundizado la desesperanza social. Hambre, apagones prolongados, colapso sanitario y éxodo masivo son ya consecuencias visibles de una contracción económica que no solo pulveriza las previsiones oficiales, sino que redefine el alcance de la crisis cubana contemporánea.
Aunque el dato exacto del PIB aún no está confirmado estadísticamente, la tendencia es inequívoca: nada apunta a una mejoría en el segundo semestre. El sector privado, cada vez más relevante, sigue sin datos oficiales, pero la trayectoria del sector estatal —históricamente dominante— marca una pauta que difícilmente podrá revertirse en lo que resta de año.
La conclusión de Monreal es tan contundente como inquietante: Cuba no solo enfrenta una recesión profunda, sino un colapso económico que supera en magnitud y complejidad al del Período Especial. La crisis actual, afirma, es más “intratable” que la de los años noventa, porque combina fallas estructurales acumuladas con un choque externo que ha desarticulado los pilares energéticos y financieros del país.
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