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La octava desconexión total del sistema eléctrico evidencia el colapso estructural del SEN en Cuba

Los sucesivos colapsos ocurren en un sistema afectado desde hace años por el envejecimiento de las termoeléctricas, la falta de combustible y las dificultades para acometer mantenimientos y reparaciones. Foto archivo

Redacción Central

La Habana. PLC | Cuba volvió a quedar completamente a oscuras este viernes tras la octava desconexión total del Sistema Eléctrico Nacional en lo que va de 2026. El Ministerio de Energía y Minas informó que “se ha producido una desconexión total del Sistema Eléctrico” y que los protocolos de recuperación ya estaban activados, una frase que se ha vuelto habitual en los últimos meses.

La Unión Eléctrica precisó que el colapso comenzó con el disparo de la línea de transmisión de 220 kV Matanzas‑Cienfuegos y, poco después, con el de la línea Matanzas‑Santa Clara. Inicialmente el sistema quedó dividido entre las zonas oriental y occidental, pero minutos más tarde se produjo la caída completa del SEN. La empresa señaló además que en la zona se habían identificado condiciones meteorológicas inestables, aunque no detalló su impacto real sobre la red.

El apagón se suma a siete desconexiones totales registradas desde marzo. Las dos primeras ocurrieron los días 16 y 21 de ese mes; en julio el SEN colapsó tres veces en apenas ocho días, el 6, el 10 y el 14; y a comienzos de agosto se produjeron dos caídas sucesivas, los días 2 y 3, mientras las autoridades aún intentaban recuperar el sistema de la desconexión anterior. La frecuencia de los eventos se ha acelerado de manera notable: después de más de tres meses entre las caídas de marzo y las siguientes, julio concentró tres apagones nacionales y agosto dos en menos de 24 horas.

En La Habana, la caída sorprendió a numerosos vecinos que apenas habían recuperado el servicio tras los cortes habituales. “Justo cuando vinieron a cambiar los transformadores aquí”, lamentó un residente de Luyanó. En Centro Habana, una mujer relató que tuvo algo más de suerte: “Hacía varias horas que tenía electricidad, y me dio tiempo a cargar las lámparas recargables y la estación de carga, para aguantar esta nueva desconexión”, dijo a 14ymedio.

La situación en la capital se complica además por los problemas con el gas manufacturado. La Empresa de Gas Manufacturado informó que el suministro de gas natural hacia sus instalaciones se mantiene, pero los volúmenes recibidos aún no permiten alcanzar los niveles de presión necesarios para restablecer el servicio a la población. Si se mantiene la estabilidad, añadió, podría lograrse una mejoría gradual durante la noche y la madrugada del sábado.

A las desconexiones totales de este año se han sumado varias caídas parciales. El 1 de agosto una falla separó del sistema a varias provincias occidentales; el 27 del mismo mes otra perturbación aisló la región oriental, desde Holguín hasta Guantánamo; y el 4 de marzo una caída parcial dejó sin electricidad a buena parte del país. Estos eventos, aunque menos visibles que los apagones nacionales, confirman la fragilidad generalizada de la red.

Los sucesivos colapsos ocurren en un sistema afectado desde hace años por el envejecimiento de las termoeléctricas, la falta de combustible y las dificultades para acometer mantenimientos y reparaciones. La mayoría de las plantas supera las cuatro décadas de explotación y opera con equipos obsoletos, mientras la generación distribuida depende de un suministro de combustible que el país no logra garantizar de manera estable. La combinación de deterioro técnico, escasez de recursos y ausencia de inversiones sostenidas ha creado un escenario en el que cualquier perturbación, meteorológica o técnica, puede desencadenar una caída total.

Las autoridades no han precisado cuánto podría demorar esta vez la recuperación del SEN. Como en desconexiones anteriores, el restablecimiento pasa por crear pequeños sistemas eléctricos aislados, incorporar progresivamente las unidades de generación y volver a enlazar las distintas regiones hasta reintegrar la red nacional. Es un proceso lento, complejo y vulnerable a nuevas fallas, especialmente cuando las plantas operan al límite de sus capacidades.

La octava caída del año no es solo un episodio más en la crisis energética cubana. Es la confirmación de que el sistema eléctrico nacional atraviesa un deterioro estructural que ya no puede ocultarse con explicaciones técnicas puntuales. Mientras no exista una estrategia de recuperación realista, financiada y sostenida en el tiempo, los cubanos seguirán viviendo entre apagones, improvisación y la incertidumbre de no saber cuándo volverá a fallar la red que debería sostener la vida cotidiana del país.


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