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El nuevo tarifazo consular golpea a la diáspora: el pasaporte cubano costará 50 salarios mínimos

El aumento no se limita al pasaporte. También suben los precios de certificados de nacimiento, matrimonio, antecedentes penales y otros trámites esenciales para la vida cotidiana de la diáspora. Foto archivo.

Redacción Central

La Habana. PLC | El anuncio del MINREX sobre la actualización masiva de tarifas consulares a partir del 1 de octubre de 2026 ha provocado indignación entre los cubanos dentro y fuera de la isla. La medida más polémica es el precio del pasaporte: su costo equivaldrá a cincuenta salarios mínimos cubanos. En un país donde el salario estatal promedio apenas cubre unos días de comida, el documento que permite viajar, trabajar o simplemente existir fuera de Cuba se convierte en un lujo inaccesible para la mayoría.

El aumento no se limita al pasaporte. También suben los precios de certificados de nacimiento, matrimonio, antecedentes penales y otros trámites esenciales para la vida cotidiana de la diáspora. Cada documento se convierte en una barrera económica que afecta directamente a quienes dependen de estos trámites para regularizar estatus migratorios, acceder a empleos, renovar permisos o mantener vínculos legales con sus familias en la isla.

El Gobierno justifica la medida como una “actualización técnica”, pero la realidad es que estas tarifas funcionan como un mecanismo de recaudación dirigido a la diáspora, que ya sostiene buena parte de la economía nacional mediante remesas. En lugar de aliviar la carga sobre los ciudadanos que han tenido que emigrar por la crisis, el Estado incrementa su dependencia de ellos, convirtiendo cada trámite en una fuente de ingresos.

El impacto es especialmente grave para los cubanos en situación irregular o con bajos ingresos en países de América Latina, donde el acceso a documentos actualizados es indispensable para evitar deportaciones o regularizar su estatus. Para quienes viven en Estados Unidos o Europa, el aumento representa un castigo económico que no guarda relación con los costos reales de emisión de documentos, sino con la necesidad del Gobierno de obtener divisas en medio del colapso financiero.

La medida también profundiza la desigualdad entre quienes pueden pagar y quienes quedan atrapados en la isla sin posibilidad de viajar o reunirse con sus familias. En un país donde la movilidad ya está restringida por la crisis económica, el precio del pasaporte se convierte en una forma de control político: solo quienes tienen acceso a divisas podrán salir.

El tarifazo consular revela una vez más la desconexión entre el Gobierno y la realidad de los cubanos. Mientras la población enfrenta apagones, escasez, inflación y un deterioro acelerado de los servicios básicos, el Estado responde con medidas que aumentan la carga económica y refuerzan su dependencia de la diáspora. El pasaporte cubano, uno de los más caros del mundo en relación con el salario nacional, se convierte ahora en símbolo de una política que exprime a los ciudadanos en lugar de protegerlos.


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