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La guerra encubierta del Kremlin entra en territorio europeo mientras la UE sigue sin una respuesta a la altura

La reacción europea sigue siendo lenta y fragmentada. Alemania tardó un mes en responder al ataque de Leipzig. Cerró el consulado ruso en Bonn y un centro cultural en Berlín, ambos considerados centros de espionaje. Imagen generada por inteligencia artificial/ © PLC

Redacción Central

Estocolmo. PLC | La ofensiva híbrida de Rusia contra Europa ya no es una sospecha ni un concepto académico: es una realidad operativa documentada con precisión por el diario sueco Dagens Nyheter en su investigación “Skuggkriget: så attackerar Kreml Europa i det dolda” (La guerra en la sombra: así ataca el Kremlin a Europa de forma encubierta). El reportaje abre con una frase que resume el momento: “La guerra encubierta de Rusia se intensifica”. Y los hechos descritos confirman que el Kremlin ha trasladado su guerra irregular al territorio europeo con una audacia creciente.

El episodio más grave ocurrió en agosto en el aeropuerto de Leipzig, donde un dron kamikaze cargado con Semtex —el explosivo utilizado en Lockerbie— cayó en una zona utilizada por la OTAN para enviar ayuda militar a Ucrania. La bomba no detonó por azar. “El conductor del autobús tuvo un ángel de la guarda”, señala el texto. Semanas después apareció otro dron armado en las inmediaciones. Alemania hizo algo inusual: señaló directamente al Kremlin como responsable. Moscú lo negó, como siempre.

El profesor Bart Schuurman, citado por Dagens Nyheter, lleva un registro de todos los incidentes vinculados a la guerra híbrida rusa: drones, incendios provocados, sabotajes, ciberataques, operaciones de influencia. Su conclusión es inequívoca: “Los rusos quieren demostrar a Europa que lo que hacemos por Ucrania tiene un precio”. Ese precio se está pagando ya en territorio europeo.

El ataque contra un tren lleno de diplomáticos que viajaba de Kiev a Varsovia confirma que el objetivo no es solo infraestructura militar. Es infundir miedo. Fredrik Löjdquist, exembajador sueco para amenazas híbridas, lo resume así: el ataque buscaba “infundir miedo”. La guerra encubierta no pretende conquistar ciudades, sino condicionar decisiones políticas en Bruselas y en las capitales europeas.

El reportaje subraya un punto que Europa ha tardado demasiado en asumir: para Moscú, la guerra híbrida no es una fase previa a un conflicto convencional. Es un continuo. “Se trata de una secuencia ininterrumpida y coherente”, explica Löjdquist. Rusia no necesita invadir Narva ni Varsovia. Su objetivo es la toma de decisiones europeas, la unidad política y la credibilidad de la defensa occidental.

La reacción europea sigue siendo lenta y fragmentada. Alemania tardó un mes en responder al ataque de Leipzig. Cerró el consulado ruso en Bonn y un centro cultural en Berlín, ambos considerados centros de espionaje. Pero la escala de la amenaza exige mucho más. Ursula von der Leyen lo dijo sin rodeos: “Un ataque con material militar, llevado a cabo por agentes rusos en territorio europeo. Un ataque contra toda nuestra Unión”.

El eurodiputado sueco Tomas Tobé, negociador jefe de la estrategia de Defensa de la Democracia Europea, lo plantea con crudeza: “No es momento de ser diplomáticos. Quienes creen que la diplomacia puede hacer que Rusia renuncie a sus intereses son ingenuos”. La UE sigue atrapada en su propio laberinto institucional, donde un solo Estado miembro puede bloquear decisiones críticas. “La única forma que teníamos de actuar era expulsarlo de la sala de reuniones”, recuerda Tobé sobre los vetos de Viktor Orbán.

El riesgo de escalada es real. Schuurman advierte que una respuesta excesiva podría desencadenar una espiral de violencia: “Si Europa o la OTAN asesinaran a un general ruso en Moscú, quizá Rusia mataría a un primer ministro en algún lugar”. Pero también señala que el éxito de la guerra híbrida ha sido limitado: el apoyo a Ucrania no ha disminuido. La clave, dice, es demostrar que la estrategia rusa no funciona.

El reportaje de Dagens Nyheter concluye con una advertencia que Europa no puede seguir ignorando: “Es pura suerte que los ataques rusos no hayan tenido hasta ahora consecuencias peores, pero seguramente sea solo cuestión de tiempo”. La guerra encubierta ya está aquí. No es un concepto difuso ni una amenaza abstracta. Es una ofensiva sostenida que busca erosionar la voluntad política de Europa antes que su territorio.

La pregunta que atraviesa todo el análisis es si la Unión está preparada para responder antes de que la suerte se agote.


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