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Cuba logra una victoria táctica en la ONU mientras se erosiona el respaldo de sus aliados tradicionales

El canciller de Cuba Bruno Rodríguez en la Asamblea General de ONU. Foto Minrex

Nueva York. PLC / Cuba consiguió este martes un triunfo diplomático en Naciones Unidas al imponer la celebración del debate sobre el embargo estadounidense, pese a las maniobras de Washington para evitarlo. La sesión, solicitada por La Habana y finalmente aceptada por la presidencia de la Asamblea General, permitió al canciller Bruno Rodríguez denunciar las sanciones como “un acto de guerra económica” y presentar a Cuba como víctima de una política unilateral que, según el Gobierno, agrava la crisis energética y humanitaria que atraviesa la isla.

La victoria, sin embargo, llegó acompañada de señales inquietantes para el régimen: el apoyo internacional que durante décadas sostuvo la narrativa cubana sobre el embargo muestra signos claros de debilitamiento. Varios países que tradicionalmente respaldaban a La Habana optaron por posiciones más matizadas, y algunos aliados clave evitaron pronunciamientos contundentes en favor de Cuba. Diplomáticos europeos confirmaron que, aunque no apoyan la política de sanciones de Washington, tampoco están dispuestos a ofrecer un respaldo automático a La Habana en el contexto actual de deterioro interno y alineamiento con Moscú.

Estados Unidos, por su parte, mantuvo una postura firme. La delegación norteamericana insistió en que el Gobierno cubano debe “abrir la economía, liberar a los presos políticos y dejar de tratar a sus ciudadanos como una amenaza”, según fuentes presentes en la sesión. Washington subrayó que las sanciones no se levantarán mientras La Habana continúe restringiendo libertades y reforzando su cooperación con Rusia en plena guerra en Ucrania. La administración Trump también recordó que la crisis energética cubana responde a “errores estructurales del propio sistema”, no a las medidas estadounidenses.

El debate se produjo en un momento especialmente delicado para Cuba. El país enfrenta apagones prolongados, escasez de combustible, caída del turismo y un creciente malestar social que ha derivado en protestas en barrios de La Habana y otras provincias. La presión internacional se ha intensificado: la Unión Europea exige reformas políticas y un distanciamiento claro de Moscú, mientras gobiernos latinoamericanos que antes respaldaban a Cuba ahora evitan compromisos públicos.

La sesión en la ONU permitió a La Habana exhibir una victoria simbólica en medio de la crisis, pero también dejó al descubierto la fragilidad de su posición internacional. El Gobierno cubano logró el debate, pero no consiguió reconstruir el bloque de apoyo que durante años convirtió la cuestión del embargo en un ritual diplomático previsible. Esta vez, el respaldo fue menor, más frío y más condicionado.

La Habana celebró la sesión como un triunfo político. Sin embargo, el mensaje que dejó la ONU es más complejo: Cuba puede seguir ganando el procedimiento, pero está perdiendo el consenso


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