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Cuba reduce sus compras de alimentos en EE.UU. mientras dispara las importaciones de combustible y equipos privados

Mientras las compras de alimentos y productos agrícolas caen un 11% respecto al año anterior, las importaciones de combustible y equipos experimentan un salto sin precedentes, impulsadas por autorizaciones específicas de Washington. Foto terminal de contenedores de Mariel, archivo.

Miami. PLC | El comercio entre Cuba y Estados Unidos en 2026 muestra un comportamiento desigual que revela la transformación acelerada de la economía cubana y la creciente dependencia del sector privado para sostener actividades esenciales. Mientras las compras de alimentos y productos agrícolas caen un 11% respecto al año anterior, las importaciones de combustible y equipos experimentan un salto sin precedentes, impulsadas por autorizaciones específicas de Washington.

Entre enero y julio de 2026, Cuba adquirió 254,18 millones de dólares en alimentos y productos agrícolas estadounidenses, frente a los 285,71 millones del mismo período de 2025. La contracción es significativa en un país donde la producción nacional continúa en mínimos históricos y donde la población enfrenta una crisis alimentaria persistente. Solo en julio, las compras descendieron a 35,41 millones, un 16,4% menos que en julio del año anterior. Aunque la cifra supera la de 2024, confirma una tendencia a la baja que contrasta con el aumento de otros rubros.

El panorama cambia radicalmente al observar las importaciones de combustibles. Entre enero y julio, Cuba compró 156,88 millones de dólares en gasolina, queroseno, aceites y otros derivados del petróleo procedentes de Estados Unidos. El salto es extraordinario si se compara con los apenas 311.558 dólares de todo 2025 y los 938.894 dólares de 2024. Este incremento se explica por la excepción Support for the Cuban People (SCP), que permite exportar combustibles a entidades privadas cubanas, y por la autorización del Gobierno cubano a las mipymes para adquirir combustible en el exterior. La crisis energética, marcada por apagones prolongados y parálisis industrial, ha empujado al sector privado a convertirse en un canal alternativo para el abastecimiento, mientras el aparato estatal pierde capacidad para importar petróleo.

Las tablas del Consejo de Comercio y Economía EE.UU.-Cuba muestran que los cargamentos de julio salieron principalmente de Miami y Houston, con operaciones adicionales desde Nueva Orleans y Tampa. Solo desde Miami se registraron alrededor de 31 millones de dólares en ventas, y desde Houston más de 26 millones. La magnitud del incremento revela una dependencia creciente de fuentes externas y un desplazamiento del Estado como importador principal.

El tercer rubro que confirma esta reconfiguración es el de vehículos, motocicletas, bicicletas y repuestos. Entre enero y julio de 2026, las exportaciones estadounidenses hacia Cuba alcanzaron 91,02 millones de dólares. Desde 2022, las ventas acumuladas superan los 766 millones, consolidando un mercado que ha crecido bajo distintas administraciones estadounidenses y que se ha convertido en uno de los pilares del sector privado cubano. La expansión de este rubro indica que las mipymes y los trabajadores por cuenta propia están invirtiendo en movilidad, logística y transporte, elementos esenciales para sostener actividades económicas en un entorno de crisis estructural.

El contraste entre la caída de las compras de alimentos y el aumento explosivo de combustibles y equipos revela una paradoja central del momento económico cubano. Mientras el Estado reduce importaciones en áreas básicas como la alimentación, el sector privado se convierte en el principal receptor de exportaciones estadounidenses en rubros estratégicos. La contracción alimentaria no implica una mejora en la producción nacional, sino un ajuste forzado en un contexto de escasez y restricciones financieras. En cambio, el aumento de combustibles y equipos refleja la emergencia de un sector privado que opera como sustituto parcial del Estado en funciones que este ya no puede cumplir.

El comercio bilateral de 2026 muestra así una Cuba que importa menos alimentos, pero más gasolina, más aceites y más vehículos. Una Cuba donde el sector privado crece en volumen de operaciones, mientras el Estado retrocede en capacidad de abastecimiento. Y una Cuba que, pese al discurso oficial, depende cada vez más de las excepciones regulatorias de Washington para sostener actividades esenciales en medio de una crisis que no da señales de revertirse.


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